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SEÑALES DE LOS ÁNGELES

¿Cómo saber si los ángeles desean comunicarse con nosotros?

Muchas veces no podemos reconocer esos signos, esas respuestas o ayudas porque estamos demasiado ensimismados en nuestra propia rutina, por eso tenemos que tomarnos un alto en la tarea diaria, para poder acercarnos al mundo espiritual.

Una plegaria, un momento de silencio, una meditación breve nos abren la puerta a ese minuto de paz y relajación.

Los ángeles nos dejan mensajes a través de :

*aromas

*música

*sentimos una presencia que nos da paz y armonía

*risa inocente, el reir porque si, sin motivos sintiéndonos felices

*imágenes bellas,

*casualidades que no lo son

*algunas personas conocidas o no que nos dan la respuesta al interrogante que nos planteamos.

Pero para recibirlas debemos estar atentos, abiertos, despiertos, con ganas de hacer contacto con ellos.

Si deseas puedes compartir alguna experiencia vivida como una señal del cielo.Gracias.

Copyright © 2017 Nélida Liliana Vieyra, All rights reserved

Oración a los Angeles

Queridos Angeles, ustedes que están cerquita de Nuestro Padre, eleven nuestras oraciones para que haya paz en el mundo y en cada uno de nuestros hogares. Que Rafael nos muestre el camino de la liberación y la alegría, que Miguel con su espada protectora aleje todo lo malo que nos impide avanzar en el camino de nuestro encuentro con Dios, que Gabriel nos de las buenas nuevas y nos ayude a proclamar el Plan de Salvación. Que podamos demostrar nuestro amor a traves de la acción. Que reconozcamos nuestros errores y tropiezos y busquemos la firme convicción de no caer más y elevarnos hacia lo celestial. Que seamos instrumentos de fe, esperanza y caridad para nuestros hermanos, gracias por escucharnos, amen

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“El amor del Padre Pío a los Ángeles de la Guarda”

Reflexión: Los ángeles de la guarda son seres espirituales que Dios envía a los hombres con la misión de custodiarnos y protegernos física y espiritualmente.

El ángel de la guarda no nos abandona nunca (decía el padre Pío). Él es nuestro amigo más sincero y fiel.

El padre Pío le tenía mucha confianza y familiaridad y con frecuencia le daba encargos especiales. A quien iba a saludarlo antes de emprender un viaje, le decía: “El ángel de Dios te acompañe”.

A sus hijos espirituales repetía con frecuencia: “cuando me necesites y no puedas venir a verme, mándame a tu ángel de la guarda con el mensaje”. El padre Agustín, su confesor, escribió: “El padre Pío no conoce ni el griego ni el francés, su ángel de la guarda le explica todo”.

En el libro Envíame a tu ángel de la guarda, el padre Alejo Parente nos cuenta este hecho asombroso: “Una vez el padre Pío estaba en la veranda y parecía estar hablando con alguien, mientras que en realidad yo no veía a nadie. Me acerqué a él para entregarle algunas cartas. El padre me dijo bruscamente: “¿No ves que estoy ocupado?”. Me quedé mortificado y me retiré un poco. Al poco tiempo, el padre Pío me llamó y me dijo: “¿No has visto estos ángeles de la guarda que estaban alrededor? Eran los ángeles de la guarda de mis hijos espirituales que venían a traerme sus mensajes. Debía yo darles las respuestas”.

El padre Pío no era un hombre que inventara extrañezas o fuera preso de fantasías neuróticas. Ahora que la Iglesia ha reconocido su santidad, estas “extrañezas” se vuelven verdaderas enseñanzas para nosotros.

Oración

Te pedimos, Señor, que tus santos ángeles, nos ayuden en el peregrinar de esta vida y nos conduzcan después a la patria eterna. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén

Palabras del Padre Pío:

“Los ángeles sólo nos tienen envidia por una cosa: ellos no pueden sufrir por Dios. Sólo el sufrimiento nos permite decir con toda seguridad: Dios mío, mira cómo te amo”.

 

SEÑOR QUE TUS ANGELES FORMEN UN CIRCULO ALREDEDOR DE MI PARA PROTEGERME DE TODO MAL. HAZME FUERTE ESPECIALMENTE ANTE LAS TENTACIONES Y NO PERMITAS QUE ME ALEJE DE TI. BENDICEME PADRE SANTO PARA QUE PUEDA TENER UNA VIDA FELIZ, PROSPERA Y PLENA. AMEN

Copyright © 2016 Nélida Liliana Vieyra, All rights reserved

DÉJATE MIMAR POR TU ÁNGEL.

PERMITE QUE SUS ALAS TE PROTEJAN, 

SU MIRADA CARIÑOSA TE BUSQUE, 

SUS CONSEJOS TE ALIVIEN. 

ES UNA CREACIÓN DE DIOS PARA TI. 

ES UNA BENDICIÓN, UN REGALO, 

UNA LUMINOSA COMPAÑÍA QUE SÓLO 

BUSCA LLEVARTE DE REGRESO A LA MORADA CELESTIAL.

ABANDÓNATE A SU AMOR, 

ENTRÉGALE LAS PESADAS CARGAS QUE TE AGOBIAN. BÚSCALO AHORA. 

DÉJATE MIMAR POR SU INFINITA PRESENCIA CELESTIAL.

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Los Ángeles un regalo de Dios

INVOCACIONES ANGÉLICAS

OREMOS: ORACION A LOS SANTOS ÁNGELES DE DIOS: Oh Santos Ángeles de Dios que ven a Dios y hacen su Voluntad, interceded por nosotros ante la Santísima Trinidad y ante María, Reina de los Ángeles. Gracias por la protección y los cuidados que nos brindan en la vida. Protegednos también en la hora de la muerte. Coros Celestiales, ayudadnos a dar Gloria a Dios en nuestras vidas. Que podamos conocerle, amarle y servirle fielmente. Que podamos practicar nuestra Fe y tengamos la valentía para sostenerla. Alejad de nosotros todo peligro físico y espiritual. Proteged nuestras familias, nuestros hogares, y a nosotros mismos. Les rogamos su ayuda para hacer la Voluntad de Dios, aceptar su Voluntad como lo mejor para nosotros y confiar en su paternal cuidado. Que los nueve Coros de Ángeles alaben y glorifiquen a Dios. Que los Serafines glorifiquen el Amor de Dios. Que los Querubines glorifiquen la Perfección de Dios. Que los Tronos glorifiquen la Misericordia de Dios. Que las Dominaciones glorifiquen la Sabiduría de Dios. Que los Poderes glorifiquen la Justicia de Dios. Que las Virtudes glorifiquen la Santidad de Dios. Que los Principados glorifiquen el Poder de Dios. Que los Arcángeles glorifiquen la Obra de Dios. Que los Ángeles glorifiquen el Cuidado Paternal de Dios. Demos gloria y alabanza a Dios en la Santísima Trinidad. Alabado sea Dios en sus Ángeles y sus Santos. Amén. INVOCACION DE LOS SANTOS ÁNGELES: San Miguel, asistente celestial en todas las necesidades y peligros, ayúdame a preservar y guardar nuestras almas y cuerpo de todos los males, en el Nombre de nuestro Señor Jesucristo, de la Preciosísima Sangre, de la Virgen Purísima e Inmaculada. Amén. Señor y Dios, has habitar con nosotros al Ángel del Silencio, para que establecido el silencio interior, medite con gusto y en silencio humilde, la lejanía de la eternidad, escuchándote con gusto y guardando tus palabras. San Rafael, acompañante de la Madre peregrina, saeta amorosa de Dios, Ángel del amor y del dolor, tu llevas el cuerno de la Salvación en la lucha de los espíritus contra la prepotencia Satánica; Patrono de las almas víctimas, de los médicos y peregrinos, ayúdanos y asístenos. Dios Santo, Inmortal y Todopoderoso, tuya es la creación y nuestra vida ¡despiértanos por los Santos Ángeles!, y danos la fuerza de seguir tu llamada a donde tu nos llames y cuando tu quieras. Amén. (2 veces) Señor, permítenos experimentar tu Justicia de la mano de nuestra Madre María, por no tener fuerza suficiente de sobrellevar sin Ella nuestros Getsemanís y Gólgotas. Dios Santo, Todopoderoso e Inmortal, no entres con nosotros en el Juicio antes de haber recibido de las manos de tu Madre, tu Sangre derramada como precio de rescate por nosotros. Santo Ángel de Dios, enséñanos a tiempo la fortaleza sin omitir sacrificios, para poder preservar en tiempo de tentación, según la Voluntad de Dios, para su mayor Honor y Gloria. Amén. Hermano Ángel, hazme quedar pequeño, pobre y humilde; mueve mi alma a escondidas para que sea ingeniosa en el espíritu de sacrificio y expiación en el amor, junto con todas las almas víctimas, llegando de esta manera a ser, como una chispita en la zarza ardiente sobre la cual Dios desciende para ser adorado. Santo Ángel de la espada, haznos duros como el acero contra nosotros mismos, tan bondadosos y benignos con los demás como Tadeo, tu discípulo. Santo Ángel, deja brillar sobre mí el sol del amor de Dios y defiéndeme de los dardos Satánicos, para llegar a ser así como Dios me quiere. Amén. Y vosotros, Ángeles de los Santos Sagrarios, levantadme 7 veces si he pecado 7 veces, y 7 veces a causa del Señor, quien aquí me espera misericordiosamente. Conseguidme tanta fuerza al separarme del Sagrario para ir a mi jornada, que el recuerdo de mi Señor jamás se apague, y al contrario, me abrace en adoración perpetua. Amén. Ho Santos Ángeles elegidos por Dios, socorrednos a nosotros y a los difuntos. Tú, Santísima Virgen y Madre de Dios, vuelve tus ojos misericordiosos a los sufrimientos de ellos, y muéstrales a Jesús, fruto bendito de tus entrañas, oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María. Amén. Oh mi Jesús, sé bondadoso y deja correr tu Preciosísima Sangre al Purgatorio, donde las almas expían sus culpas sufriendo, ¡hay Dios mío!, ellas sufren tantos tormentos, sé propicio a ellas. Escucha la Oración de los tuyos reunidos aquí, lleva hoy todavía las almas al Paraíso. Amén.

No estamos solos

Desde la infancia a la muerte, la vida de humana esta rodeada de su custodia. "Cada fiel tiene a su lado un ángel como protector y pastor para conducirlo a la vida". Desde esta tierra, la vida cristiana participa, por la fe, en la sociedad bienaventurada de los ángeles y de los hombres, unidos en Dios.  CIC 336

La vida humana comienza en el momento de la concepción. Es en ese momento que Dios crea nuestra alma y se deduce que es entonces cuando se nos asigna el ángel custodio. Los ángeles custodios están encargados de velar por cada uno de nosotros, protegiéndonos de los peligros y alentando nuestra vida en Cristo. Deberíamos ser agradecidos con nuestro ángel e invocar su protección y guía.

Fundamentos Bíblicos:
Exodo 23, 20-23a:  Así habla el Señor: «Yo voy a enviar un ángel delante de ti, para que te proteja en el camino y te conduzca hasta el lugar que te he preparado. Respétalo y escucha su voz. No te rebeles contra él, porque no les perdonará las transgresiones, ya que mi Nombre está en él. Si tú escuchas realmente su voz y haces todo lo que yo te diga, seré enemigo de tus enemigos y adversario de tus adversarios. Entonces mi ángel irá delante de ti.»

Mateo 18,10: Guardaos de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos.

San Basilio: "Todo fiel tiene junto a sí un ángel como tutor y pastor, para llevarlo a la vida" (cf. San Basilio, Adv, Eunomium, III, 1; véase también Santo Tomás, S. Th., I, q. 11, a. 3).

La Iglesia recomienda el recurso a su protección
La Iglesia celebra la fiesta de los ángeles custodios desde el Siglo XVII. Fue instituida por el Papa Clemente X.

Muchos santos han dado testimonio de una bella relación con sus ángeles custodios:
Sta. Francisca Romana veía a su ángel custodio

Oración 
Angel santo de la guarda,
compañero de mi vida,
tú que nunca me abandonas,
ni de noche ni de día.

Aunque espíritu invisible,
sé que te hallas a mi lado,
escuchas mis oraciones
y cuentas todos mis pasos.

En las sombras de la noche,
me defiendes del demonio,
tendiendo sobre mi pecho
tus alas de nácar y oro.

Angel de Dios, que yo escuche
tu mensaje y que lo siga,
que vaya siempre contigo 
hacia Dios, que me lo envía.

Testigo de lo invisible,
presencia del cielo amiga,
gracias por tu fiel custodia,
gracias por tu compañía.

En presencia de los ángeles,
suba al cielo nuestro canto:
gloria al Padre, gloria al Hijo,
gloria al Espíritu Santo. Amén.

Himno de la Liturgia de las Horas

 

ORACION AL ANGEL DE LA GUARDA

NUESTROS DEBERES FRENTE A LOS SANTOS ÁNGELES

Nuestros deberes frente a los santos ángeles
(Pío XI a los niños, 2 de septiembre de 1934)

San Bernardo, el devoto de María, el amigo del Corazón de Jesús es también, se puede decir el chantre, el heraldo de los Ángeles guardianes. El santo doctor dice a cada niño, a cada ser humano que tiene un ángel, que jamás debe olvidar ese compañero de vida y rendirle “el respeto por su presencia, la devoción por su benevolencia y la confianza por su buena guardia”. El ángel de Dios nos acompaña, en  efecto, con su presencia, y nos defiende con su buena guardia: Ves enseguida las disposiciones con las cuales san Bernardo nos sugiere tan bien responder a semejante bondad:

“El respeto por la presencia”. No hay que olvidar jamás la presencia del Ángel guardián, de ese príncipe celeste que jamás debe enrojecer ante nosotros. Justamente el gran doctor agrega, explicando el sentido de ese deber de respeto, y hablando de sí mismo: “No hagas en presencia del ángel lo que no harías en presencia de Bernard”. De la misma manera, estos queridos niños no deberían nunca hacer nada que pudiese ofender al ángel que tiene cuidado de su persona, no hacer lo que no harían delante del papa, delante de su propio padre  y su propia madre, ni tampoco delante del más humilde de sus compañeros. Y es bueno recordar, siempre a este respecto, lo que agrega el mismo san Bernardo cuando, jugando con las palabras, agrega enseguida que en todo ángulo se encuentra un ángel”: en todo lugar, en todo momento el ángel está presente. Por tanto, “el respeto por la presencia; es decir una continencia siempre respetuosa y diferente, un homenaje conforme a la dignidad del cristino, templo del Espíritu Santo, amigo de Jesucristo, admitido a la comunión del Cuerpo y la Sangre divinos después de haber sido regenerado por el agua del bautismo, en esa sangre preciosísima.

“La devoción por la benevolencia”. El ángel guardián no sólo está presente, sino su compañía desborda de ternura y de amor; lo que requiere además de nuestra parte, respecto de él, un amor hecho de ternura, es decir la devoción. La devoción agrega algo a la piedad filial, incluso a la que se experimenta y se muestra hacia Dios. Una piedad devota quiere decir una piedad delicada que trae consigo la donación de toda el alma, de todo el corazón. El ángel de Dios está siempre con nosotros, en nuestra vida, con su solicitud y su afecto excepcional. Por lo tanto, hay que serle devoto: no solamente rendirle afecto por afecto, sino devoción. La devoción se actualiza en la práctica de cada día, invocando su ángel al principio y al fin de cada día. Los invitamos, queridos niños, imitar en este punto al papa. Al principio y al fin de cada día de su vida, invoca a su Ángel guardián; y a menudo renueva esta invocación a lo largo del día, especialmente cuando las cosas por hacer son un poco complicadas y difíciles, lo que ocurre a menudo. Ahora bien, tiene que decir, siempre por deber de reconocimiento hacia su Ángel guardián, que se siente siempre asistido por él de manera admirable, aunque una gratitud particular viene a asociarse a otros tantos motivos por los cuales se siente deudor respecto del espíritu celeste que lo asiste. A menudo ve y percibe que su ángel está ahí, cerca suyo listo a asistirlo, a ayudarlo. Es igualmente lo que hacen los ángeles de todos estos queridos pequeños: siempre presentes, siempre amantes, siempre vigilantes. De ahí, repitámoslo, la necesidad de recurrir frecuentemente a ellos con devoción.

“La confianza por la buena guardia”. Saberse guardado por un príncipe de la corte celestial, por uno de esos espíritus elegidos, de los que el Señor –hablando propiamente de los niños- ha dicho que ven siempre la Majestad de Dios en el esplendor del paraíso, lo que no sólo inspira respeto y devoción sino también suscita la mayor confianza. La confianza, que es bien distinta de la audacia terrestre, es necesaria y debe sostener, especialmente cuando el deber es difícil y se encuentra abrumador el conjunto del buen propósito. En ese momento, de manera más acentuada, se debe esperar la ayuda, la defensa y la guarda de los santos ángeles; y verdaderamente en ese sentimiento de confianza, se destaca además  y de manera más evidente la necesidad de la oración, que es precisamente la expresión auténtica y espontánea de la confianza.

Y de nuevo insistimos con gran solicitud paternal en la necesidad del respeto, del amor y de la oración confiada por parte de los niños católicos hacia sus propios ángeles bajo la conducción y según la sublime invitación de san Bernardo.

Apropiándonos de esta palabra del santo, que hemos tenido la suerte de encontrar en los comienzos de nuestra vida, hemos podido conocer y sentir la luz benéfica. Contribuyó con todo lo que pudimos realizar por la gracia divina en nuestra vida. Y seguramente a él le debemos el apoyo y la confianza necesarios para todo el tiempo de existencia que plazca a Dios concedernos todavía. Por eso deseamos tanto y deseamos que ese sea el programa luminoso de la vida  de estos niños privilegiados, gracias al cual podrán ser siempre dignos de la presencia continua, a su lado, de un príncipe celeste; siempre tiernamente devotos a este amigo tan fiel, tan grande, y siempre estado de gozar y de beneficiarse de su guarda benefactora y sabia.

 

Existen seres espirituales creados por Dios


El símbolo de los apóstoles profesa que Dios el “Creador del cielo y de la tierra”, y el símbolo de Nicea Constantinopla explicita “de lo visible y lo invisible”.

En la sagrada Escritura, la expresión cielo y tierra significa: todo lo que existe, la creación entera. Indica también el lugar, al interior de la Creación, que a la vez une y distingue el cielo y tierra: “la tierra” es el mundo de los hombres. El “cielo o “los cielos pueden designar el firmamento, pero también el “lugar” propio de Dios: nuestro padre “en los cielos” y, en consecuencia, el cielo es, también, la gloria escatológica. Finalmente, el término “cielo” indica el “lugar” de las criaturas espirituales – los ángeles- que rodean a Dios.

La profesión de fe del cuarto concilio de Letrán, afirma que Dios “creó simultáneamente, de la nada, una y otra criaturas, la espiritual y la corporal, es decir los ángeles y el mundo terrestre, luego la criatura humana, que posee de ambos, compuesta, como es, de espíritu y de cuerpo”.

La existencia de seres espirituales, no corporales, que la Sagrada designa habitualmente como ángeles, es una verdad de fe. El testimonio de la Escritura es igual de rotundo que la Tradición.

¿Quiénes son?

San Agustín dice respecto de ellos: “Ángel” designa la función no la naturaleza. ¿Preguntas cómo se llama esta naturaleza? Espíritu. ¿Preguntas la función? Ángel; a partir de lo que es e un espíritu; a partir de lo que hace es un ángel. “Con todo su ser, los ángeles son servidores y mensajes de Dios. Porque contemplan “constantemente la faz de mi Padre que está en los cielos”, son “los obreros de su palabra, atentos al sonido de su palabra. En tanto que creaturas puramente espirituales, tienen inteligencia y voluntad; son criaturas personales e inmortales. Sobrepasan en perfección  a todas las criaturas visibles. La explosión de su gloria da testimonio de ello.

Cristo “con todos sus ángeles”

Cristo es el centro del mundo angélico. Los ángeles le pertenecen: “Cuando el hijo del hombre venga con todos sus ángeles…” Porque en Él han sido creadas todas las cosas, en los cielos y sobre la tierra, las visibles y las invisibles: tronos, señoríos, principados, potencias; todo ha sido creado por Él y para Él”. Le pertenecen, también, porque los ha constituido mensajeros de su designio de salvación. ¿Acaso no son espíritus a los que se ha confiado un ministerio, enviados a servir a todos aquellos que deben heredar la salvación?”.

Están ahí desde la creación y a todo lo largo de la historia de la salvación, anunciado de lejos o de cerca esta salvación, y sirviendo al designio divino de su realización: cierran el paraíso terrestre, protegen a Lot, salvan a Agar y a su hijo, detienen la mano de Abraham, la ley es comunicada por su ministerio, conducen al pueblo de Dios, anuncian nacimientos y vocaciones, asisten a los profetas, sólo por citar algunos ejemplos. Finalmente, es Gabriel quien anuncia el nacimiento del Precursor y el de Jesús mismo.

De la Encarnación a la Ascensión la vida del Verbo encarnado está rodeada de la adoración y del servicio de los ángeles. Cundo Dios “introdujo al primer nacido en el mundo, dio: “que todos los ángeles de Dios le adoren”. Su canto de alabanza en el en el nacimiento de Cristo no ha cesado de resonar en la alabanza de la Iglesia: “Gloria a Dios…” Protegen la infancia de Jesús, le sirven en el desierto, lo reconfortan durante su agonía cuando pudo ser salvado por ellos de la mano de sus enemigos, como en otro tiempo hicieron con Israel. Además, son ellos, los ángeles, los que “evangelizan” anunciando la Buena Nueva de la encarnación y de de la Resurrección de Cristo. Estarán ahí cuando regrese el Cristo que anuncian, al servicio de su juicio.

Los ángeles en la vida de la Iglesia.

Toda la vida de la Iglesia se beneficia de la ayuda misteriosa y poderosa de los ángeles.

En su liturgia, la Iglesia se une a los ángeles para adorar al Dos tres veces Santo; invoca su asistencia (tanto en el Suplices te rogamus, del canon  romano, como en In paradisum deducant te angeli… de la liturgia de difuntos, o también como en el himno querubínico de la liturgia bizantina, festeja, de manera particular la memoria de algunos ángeles (san Miguel, san Gabriel y san Rafael, los ángeles guardianes).

Desde la infancia al tránsito, la vida humana esta rodeada de su protección y de su intercesión. “Cada fiel tiene a su lado un ángel como protector y pastor para conducirlo a la vida. Desde aquí, la vida cristiana participa en bienaventurada sociedad de los ángeles y de los hombres, unidos en Dios.


 

 

¿Por qué es tan difícil creer en los Angeles?


Al comenzar el siglo XXI, los hombres parecen no estar dispuestos a admitir la realidad del mundo de los ángeles. Voluntariamente han relegado a esos seres supraterrestres al dominio del sueño, de los mitos y de las leyendas, en las categorías abstractas o simbólicas, en las concepciones imaginarias del arte y de la literatura. Se concibe muy bien que hayan poblado el universo de nuestros ancestros de la Antigüedad o del Medioevo, pero no se ve ya qué lugar podrían ocupar en el cosmos de la ciencia contemporánea. Al hombre de hoy, empapado en las disciplinas científicas, le repugna admitir la existencia de lo que no cae bajo los sentidos y escapa a toda experimentación. A decir verdad, las conquistas más prodigiosas de la ciencia moderna son del ámbito de lo invisible: ondas, rayos y radiaciones diversas ocupan un lugar considerable en nuestro espacio vital, pero su descubrimiento está considerado como una hazaña del hombre, mientras que los ángeles tienen el imperdonable defecto de venir enteramente de Dios, de ser sus creaturas y sus mensajeros y, para remate, superiores al género humano. Las proezas técnicas exaltan al hombre y le dan la ilusión de creerse Dios; los ángeles obligan a reconocer la existencia de un Señor soberano que rige el universo creado por Él y regula las relaciones entre los seres que lo constituyen. Siendo por naturaleza y definición los enviados, los delegados de Dios, ¿cómo podrían existir a los ojos de los ateos y de los incrédulos?

Los cristianos mismos pueden sorprenderse, a veces, que los ángeles no estén mencionados en los símbolos de la fe de la Iglesia antigua. Pero, como muchas otras verdades de fe, la existencia de los ángeles era tan bien conocida y reconocida que no tenía necesidad de estar inscrita en el Credo. ¿Los ángeles no están presentes un poco por todos lados en la Biblia, de un extremo a otro del Antiguo y Nuevo Testamentos? Se les ve también constantemente en las tradiciones dogmática, litúrgica y artística de la Iglesia, en las vidas de los santos, en los escritos de los Padres y de los autores espirituales de todas las épocas. Sólo en el siglo XIII  se encuentra la palabra “ángeles” en la profesión de fe, del IV Concilio de Letrán, pero los ángeles estaban ya implícitamente comprendidos en las expresiones de los antiguos Símbolos sobre “Dios creador del cielo y de la tierra, del universo visible e invisible”.

El enunciado doctrinal más claro y más completo que tenemos actualmente sobre los ángeles es el del Catecismo de la Iglesia católica, promulgado por Juan Pablo II. Este importante texto, encabeza, naturalmente esta selección. Después de haber definido las características esenciales de los ángeles: creaturas puramente espirituales, personales e inmortales, muestra sobre todo a los ángeles entorno de Cristo y en la vida de la Iglesia. Esta exposición, breve y completa, resume maravillosamente toda la enseñanza de los papas a este respecto, principalmente las catequesis dadas por Juan Pablo II durante las audiencias generales de julio-agosto de 1986. El santo Padre tomó de la obra de Santo Tomás de Aquino los principales elementos de una síntesis racional sobre el lugar de los ángeles en la jerarquía de las creaturas, sobre sus cualidades y privilegios, sobre su repartición en órdenes y grados según sus propiedades. Inteligentes y libres,  los ángeles han sido llamados por Dios a una elección decisiva entre el bien y el  mal, elección que, en razón de la perfección de su naturaleza, fue necesariamente radical e irrevocable. Unos, enceguecidos por su orgullo y encerrados en su amor propio, se rebelaron contra Dios. Son los demonios, enemigos implacables de Dios y de su designio de amor sobre la humanidad. Los otros, que deliberadamente eligieron a Dios como Bien supremo y soberano, están unidos a Él por siempre y están asociados a su felicidad.

La obra principal de los buenos ángeles es contemplar y alabar a Dios continuamente. “Sus ángeles ven sin cesar la cara de mi Padre que está en los cielos” decía Jesús de los niños pequeños. Pero ejercen también un rol de mediación entre Dios y los hombres. Como su nombre lo dice, son los enviados, los embajadores de Dios para colaborar en el plan divino en el conjunto de la creación. Tienen por misión especial ayudar a los hombres a alcanzar la salvación. Según la enseñanza tradicional de la Iglesia, un ángel es dado a cada ser humano para ser su compañero, su apoyo y su protector durante todo su peregrinaje terrestre. Los ángeles guardianes tienen, respecto de nosotros una solicitud extrema, constante y solícita, velando por nuestra salvaguarda corporal pero sobre todo por nuestra salud espiritual. Los poderes sobrenaturales que tienen como ángeles hacen de ellos auxiliares particularmente preciosos en la lucha que tenemos que sostener contra los demonios. A cambio, tenemos respecto de ellos deberes de respeto, veneración, gratitud y confianza. Conviene no olvidar su presencia e invocarlos a menudo.

En la inmensa legión de espíritus celestes, tres de los más grandes, esos que llamamos “arcángeles”, aparecen en la Biblia con un nombre propio que corresponde a su personalidad y a su misión: son Miguel, Gabriel y Rafael. San Miguel, cuyo nombre significa “¿Quién como Dios?” es el campeón, el defensor y el vengador de los derechos de Dios, el protector titulado de la Iglesia y de todos los fieles, el guardián de las almas y el ángel de la paz. San Gabriel fue elegido para ser el ángel de la Anunciación, el mensajero enviado por Dios para anunciar a la Virgen María la Encarnación del Hijo de Dios. Pío XII lo proclamó patrón celeste de las telecomunicaciones. En cuanto a Rafael, es conocido por el libro de Tobías como guía seguro de los viajeros y el sanador de los enfermos.

Entre las prácticas tradicionales  de la piedad cristiana, a menudo recomendadas por los papas, hay dos en las que los ángeles están más directamente asociados; son el Angelus y el Rosario. La Salutación angélica, que es el elemento principal, es ante todo una oración a la Madre de Dios, pero, también es un recuerdo de la misión más gloriosa que ha sido confiada a un ángel. Ya anteriormente un ángel había anunciado a Zacarías el nacimiento del precursor del Mesías. Un ángel aparecerá luego a José, el prometido de María para apaciguar sus escrúpulos. De un extremo a otro de la vida de Cristo, la noche de su nacimiento, como al alba de su resurrección o el día de su ascensión, los ángeles estarán presentes. Así ocurre siempre en la vida de la Iglesia y de cada fiel. Cada día, en tres oportunidades, el Ángelus nos recuerda este ministerio permanente de los ángeles en la realización de la obra de salvación. Es bueno para nosotros, igualmente, meditar asiduamente los misterios del rosario con los ángeles, como nos invita León XIII, en el texto que cierra esta recopilación. Ya que estamos llamados a vivir eternamente como los ángeles, ocupados en contemplar y alabar a Dios con ellos, ¿por qué no habituarnos ya, desde aquí abajo, a esta compañía tan amable y tan benéfica?

 

Participación de los ángeles en la dichas y sufrimientos del purgatorio

Participación de los ángeles en la dichas y sufrimientos del purgatorio

Abate J. Cellier, cura de Mirville
Traducido del francés por José Gálvez Krüger para ACI Prensa

El sistema de la beatitud en medio de las lágrimas y del sufrimiento, no es una invención humana. El divino procurador de las alegrías de este mundo las ha colocado en la pobreza; bienaventurados los pobres; en las lágrimas, bienaventurados los que lloran; en los suplicios del martirio, bienaventurados los  que sufren persecución, y me equivoco extrañamente cuando busco mi felicidad o la coloco en la adquisición de riquezas, en la búsqueda de honores, o en las delectaciones terrestres y en las alegrías de este mundo, porque me faltaría admitir que el discurso de las ocho bienaventuranzas es una concepción verdaderamente divina, mientras que mi búsqueda de felicidad fuera del Evangelio, me conduce a espantosas decepciones. Estamos suficientemente convencidos de que la gloria y la riqueza habitan en la consciencia de toda alma virtuosa y que son el fruto de su buena voluntad. No se limitan a proteger exteriormente, a la manera de un escudo material: la égida de la verdad la cubre por todos lados. La buena voluntad derrama en su corazón una paz y una dicha constante. El alma superior a las cosas humanas, habita siempre en una región serena y pura.

Los santos, incluso los más probados han probado anticipadamente las delicias y alegrías del cielo, por gracia de Dios. El mundo no conoce esta clase de dichas habituado como está a los placeres de la tierra. La Escritura llama  a esta felicidad anticipada, maná escondido, manna absconditum. ¡Ah! Exclama san Bernardo, ven las cruces de los santos (y sus austeridades) pero no ves las unciones, es decir, las dulzuras y los consuelos secretos que el Espíritu Santo derrama en el fondo de sus corazones.

Ahora bien, si el mundo no comprende en lo absoluto de los gozos y de las delicias de los santos que viven sobre la tierra ¿cómo esperan hacerle comprender las delicias espirituales de las almas en el Purgatorio? Continuemos, sin embargo, hablando de este asunto: el alma separada de su cuerpo siente mejor que en la tierra un apetito natural que la conduce hacia Dios; sube como el fuego hacia su lugar, y su amor por Dios la impulsa todavía más alto. La gracia del Espíritu la mueve y la atrae y su amor se convierte, en ella, dilección. En el disfrute del Espíritu Santo el alma posee la gracia, adquiere una caridad intensa y la unión con Dios, ya que Dios es caridad. Entonces el Espíritu Santo, el Espíritu de vida, la vivifica y la colma de sabiduría, que le da un gusto suave, cuya suavidad es del todo divina y espiritual, penetrando en su parte más íntima, le procura la felicidad del goce. Tiene entonces una idea justa de Dios, no tanto a la manera humana, sino más particularmente de una forma sobrehumana y sobrenatural, y esta manera de concebir a Dios es un don del Espíritu Santo cuyo soplo se ha propagado en ella. Igualmente, a la voz del Espíritu Santo, todas las facultades de esta alma se fusionan por los gozos del Espíritu, por u afecto y por una suavidad inefable.

Antes de concluir este capítulo, constatemos la diferencia entre Satán que cae en el infierno y el alma que cae en el Purgatorio.

En la complacencia  de su propia belleza Lucifer exclamó: Soy semejante al Altísimo. Este pensamiento. Este pensamiento orgulloso se comunicó con la velocidad del rayo a los espíritus angélicos; unos lo acogieron, otros, bajo la conducción de San Miguel lo rechazaron con horror con una exclamación del todo opuesta: Quis ut Deus,  ¿Quién como Dios?

En un abrir y cerrar de ojos todo terminó. Lucifer con sus ángeles cayó a los abismos, san Miguel y sus ángeles pasaron del cielo inferior donde habían sido creados, al cielo superior para gozar de la clara visión de Dios.

¿Qué ocurrió para que Satán cayera al infierno? La gracia lo había abandonado, el Espíritu Santo se apartó y cayó al instante en una ceguedad y en endurecimiento que provocaron su eterna condenación.

Los buenos ángeles asistidos por el Espíritu Santo cumplieron un acto de obediencia y de amor que los introdujo en una beatitud sobrantural. Todo esto es doctrinal y lo hemos tomado del P. Maréchaux, de su Novena al Espíritu Santo.

 

Ángeles: el Misterio de los ángeles y nuestra vida terrestre

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En nuestra visión del mundo, muchos han olvidado a los santos ángeles. ¿Pensamos que nos aman en Dios como “prójimos” y que tenemos el deber de amarlos como tales? ¿Sabemos también que podemos unirnos a su visión de Dios? ¿Nos aliamos con ellos en el secreto de la Nueva y eterna Alianza en la sangre de Cristo? 
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Recordemos, primeramente, con el cardenal Journet, uno de los grandes teólogos de los tiempos modernos, que “los ángeles no se revelan sino a los que los aman y los invocan”. 
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Los ángeles son dignos de ser amados en su amante naturaleza voluntaria y en su elevación sobrenatural. Jesús nos habla de los “santos ángeles” (Mt XXV, 31). Son santos porque cumplen perfectamente su deber de alabar a Dios y de amarnos por amor a Cristo, su Creador y el nuestro. Para ellos no somos extraños, sino miembros de la familia de Dios. Encomendados a su ministerio salvífico, nosotros debemos heredar con ellos la salvación eterna (cf. Hb 1, 14). Tienen por nosotros un amor no sólo natural, sino además sobrenatural, porque contemplan en nosotros imágenes de Dios, destinados a ver, con ellos, a Dios cara a cara (cf. Mt., XVIII. 10).

Nos aman, también, en tanto que estamos agrupados en la naciones que protegen en su pluralidad hasta la proclamación del evangelio. El orden cósmico, (especialmente las especies animales cercanas al hombre) se benefician con su intercesión. Catecismo de la Iglesia católica 57). Los ángeles dominan la historia. Bajo la providencia de Dios creador y señor gobiernan el mundo (Daniel X, 13-21), es decir lo orientan hacia su fin, Cristo Jesús. Su oración obtiene la creación de los hombres. Son los ángeles de Cristo (Mt. MT., XIII, 41).

Nuestro deber de amarlos recíprocamente en Él se manifiesta cuando les invocamos a favor de los hombres que no conocen, todavía, a su salvador crucificado. Son nuestros prójimos más cercanos.

Cristo, dice el Catecismo de la Iglesia Católica (331), es el centro del mundo angélico, lo mismo que del mundo humano. Los ángeles están a todo lo largo de la historia de salvación y de nuestras vidas. Nos anuncian la Buena Nueva, la Encarnación y la Resurrección del hijo del hombre. Nos anuncian el juicio (Mt. XIII, 42-50) y nos preparan para él (Mt XXIV, 31-36).

Por tanto, no es sorprendente que la Iglesia haya aprobado, el 31 de mayo 2000 una “consagración de los santos ángeles”, confiada al Opus angelorum. Es un don de sí a personas definitivamente santas. Un don de sí encarnado en la gracia del bautismo.

La comunión con los ángeles culmina en la celebración de la liturgia. La Iglesia se junta a los ángeles para adorar al Dios tres veces santo, Ella venera a los santos ángeles con un afecto particular. Solicita el auxilio de su intercesión, particularmente para pedir la paz entre los hombres.

Los santos y los hombres pecadores pertenecen, conjuntamente, a la única Iglesia. La comunión de la Iglesia la Iglesia engloba a los santos ángeles. Consagrándonos a ellos, queremos honrarlos y darles las gracias. Nos aliamos con ellos contra Satán y por la mayor gloria de Dios.

Los ángeles participan, dice santo Tomás de Aquino, en todo lo que es bueno para nosotros. Dios ha querido la diversidad de sus creaturas y su bondad propia, su interdependencia y su orden (Catecismo de la Iglesia católica, 350 y 353). Nuestra consagración a los ángeles significará nuestra consciencia de depender de ellos. Los ángeles, los santos ángeles no se revelan sino a los que los aman y los invocan. Es el caso de la Iglesia universal en sus liturgias.


Escrito por Bertrand de Margerie S.J.

 

LOS ANGELES TE CONDUCEN POR EL CAMINO DE LA LUZ

Mensajes a Mons. Octavio Michelini:

23 de noviembre de 1975

LAS GRANDES VERDADES

De los labios de la Sabiduría ha salido el dicho: "Meditare novissima tua et in aetenum non peccabis".

El Espíritu Santo ha querido poner ante vuestras almas cuatro grandes realidades:

Muerte – Juicio – Infierno – Paraíso.

Por tanto se muere.

La muerte es una realidad concreta, una realidad de la que, indirectamente, hacéis experiencia todos los días: un día haréis también la experiencia personal.

Sin embargo hijo, podrá parecer no cierto pero en realidad nadie se ocupa de ella; se vive más o menos alegremente, como si no se debiera morir.

¿Quién es el que conduce a los hombres, a los cristianos, a los sacerdotes, a olvidar lo dicho por el Espíritu Santo, aquello de reflexionar sobre la muerte, la mordaza de la que ninguno podrá escapar?

¡Es Satanás! Siempre él, que cerca al alma humana con sus astucias y seducciones, con sus mentiras: Sicut leo rugiens quarens quem devoret

Se os ha puesto en guardia.

Se os ha dicho que ruge, pero no os puede morder si no en el caso de que vosotros os expongáis voluntariamente a sus pasadas.

Sobre este tema disponéis de mucha luz. Las Sagradas Escrituras, las vidas de los Santos y de los Mártires, y toda una historia de luchas tremendas entre el hombre y el Príncipe de las tinieblas. Recordad al Angel de Tobías que libera a Sara, y otros miles de episodios.

El Ángel custodio

En esta lucha, al lado del hombre, al que Yo no he querido solo, porque de otro modo la lucha habría sido desigual, he puesto un Angel mío, un Angel siempre preparado para intervenir en cualquier momento que es requerido.

Por desgracia la incredulidad hace, sí, que pocos recurran a él.

¡Cuántas veces mis Angeles, vuestros custodios están obligados a la pasividad casi absoluta por la incredulidad de los hombres! ¡Cuántas veces se ven obligados a retirarse para no asistir a la destrucción que el hombre hace de si mismo!

¡Pobre hombre que vas andando a tientas en las tinieblas, cuando Yo te he trazado un camino de luz!...

¿Medios de defensa? ¡Pero si son tantos!

Están los Sacramentos, los Sacramentales, la oración. Pero ningún medio es útil cuando el alma está en la oscuridad, y hoy muchísimas almas están en la más profunda oscuridad. La falta de fe lleva tinieblas a las almas.

Si no hacéis penitencia

La crisis de fe más grande, desde la creación del hombre hasta hoy, es la actual.

Una formalista costumbre de vida cristiana hace ilusionar a muchos de estar en el camino justo. Algunos sacerdotes creen estar en el camino justo como lo creían los sacerdotes, los escribas y los fariseos en los tiempos en los que Yo estuve en la tierra en mi visible Humanidad.

En todos los tiempos y en todos los lugares la lucha entre el bien y el mal lleva el mismo sello inmutable.

Si la humanidad atea de hoy no se pone en pie y no procura sacudirse el polvo y el humo que le nubla el alma perecerá en gran parte.

No serán los sarcasmos ni las ironías de los pseudo-teólogos y de los sacerdotes insensatos y soberbios, no serán las artes de los manipuladores de corrupción en todos los sectores de la vida privada y pública, lo que evite la ruina que el hombre neciamente esta provocando.

Di fuerte que el tiempo está contado, grítalo fuerte como Jonás: "Si no hacéis penitencia pereceréis".

Dilo fuerte que de Dios no se puede reír impunemente.

Grítalo fuerte que la hora de las tinieblas no es querida por Dios sino por los hombres mismos.

Grítalo fuerte que mi Madre ha hecho mucho para alejar del mundo la catástrofe.

Recuérdales a todos: Lourdes, Fátima y miles de intervenciones muchas veces sofocadas precisamente por obra de aquellos cuya tarea era la de juzgar con mayor objetividad y menor respeto humano. Han tenido miedo del juicio del mundo...

Aquí está su culpa: no la verdad, sino a sí mismos han puesto delante. Y ahora hablan sólo de la Misericordia de Dios y no de sus responsabilidades.

¿También al pronunciarse sobre estos mensajes otra vez más será rechazada la luz?...

Yo los quiero a todos salvos, pero ellos oponen resistencia. Aman la oscuridad. En las tinieblas perecerán.

Tú no temas; continúa siéndome fiel. Estás en Mi Corazón y aquí nadie te podrá tocar, ni siquiera rozar.

Te bendigo, hijo mío; ámame y camina derecho ante Mí. Soy el Camino que muchos se niegan a transitar.

24 de Mayo de 1976

 

San Miguel Arcángel

San Miguel Arcángel
San Miguel Arcángel
Este arcángel vibra bajo la luz del rayo color azul.
Sus virtudes son la fe, el poder, la fuerza, el equilibrio.
La invocación de este arcángel se puede realizar
en momentos de decisiones importantes
o buscando protección de cualquier orden.

Su imagen representa  la justicia, los cambios importantes, la
comprensión de las cosas y de nuestro propio alineamiento con el
universo.Nos insta a luchar  por las causas justas y nos confiere valor

 para salir victoriosos  ante cualquier situación.

Y nos llama a acercarnos  a aquellas causas espirituales y nobles.

ORACION 

San Miguel Arcángel, defiéndenos 

En la lucha, sé nuestro amparo 

Contra la perversidad y acechanzas 

Del demonio. Que Dios humille su soberbia.

Y tú Príncipe de la Milicia Celeste arroja al

Infierno a Satanás y demás espíritus malignos

Que vagan por el mundo para perdición de

Las almas.

Amén.


 

Los Angeles llevan nuestras oraciones a Dios

Los ángeles nos acompañan en adoración. Son ministros del Señor, infinitamente bueno. Es voluntad de Dios que nos ayuden a adorarle.
Los ángeles presiden las reuniones del culto cristiano, como se ve por las oraciones de la Iglesia. La liturgia es una participación de la que celebran los ángeles en el Cielo. Unámonos a ellos con reverencia para alabar a Dios. Su ministerio consiste en inspirarnos con fe y amor a que realicemos dignamente nuestra adoración. Nos preparamos internamente para recibir los Sacramentos, pues la Iglesia los invoca en nuestra ayuda.
Los ángeles nos ayudan contra el mal. Ellos nos ayudan en la lucha contra el diablo. El Nuevo Testamento nos pide que tengamos fe en Dios, fe en Cristo, y que usemos las armas de Dios. Dios envió sus ángeles para darnos la ayuda que necesitamos contra el mal. Este es su misterio en la obra de nuestra salvación, continuando la batalla una vez comenzada contra Lucifer y sus ángeles rebeldes.
Nos inspiran pensamientos contra las insinuaciones diabólicas y nos invitan a que acudamos a Dios en oración. Solo en el Cielo conoceremos lo mucho que realmente nos han ayudado en la lucha contra el diablo.
Los ángeles anhelan nuestra salvación. Con los ángeles participamos de la vida divina, y somos como ellos criaturas de Dios en Cristo Jesús. Por eso, ellos anhelan nuestra salvación; que juntos con ellos glorifiquemos a Dios y disfrutemos viendo su gloria.
Con gozo los ángeles aceptan las misiones que Dios los encomienda para nuestra santificación. Vencedores de los demonios, los ángeles nos protegen contra los enemigos del alma. Haríamos bien pidiéndoles que nos asistan para rechazar las tentaciones del Malo.
Los ángeles, además, presentan nuestras oraciones ante Dios acompañando con sus plegarias nuestras peticiones. Nos conviene, pues, encomendarnos a ellos especialmente en los momentos difíciles y sobre todo en la hora de la muerte, para que nos defiendan de los ataques del enemigo y lleven nuestras almas al Cielo.
Tenemos Ángel de la Guarda. Hay algunos ángeles con misión de cuidar de las almas en particular. Se les llaman Angeles de la Guarda. Es doctrina tradicional de los primeros escritores de la Iglesia, basada en textos de la Sagrada Escritura y fundada sobre razones sólidas. Lo prueba el hecho de haber establecido la fiesta en honor de los Angeles de la Guarda.
El Creador no abandona las criaturas a que dio existencia; les proporciona cuanto necesiten para lograr su perfección natural. Cristo murió por todos y para todos mereció los medios de salvación. La asistencia de los ángeles es parte del plan de Dios para salvar a todas las gentes.
Los ángeles también oran por nosotros. En las vidas de los santos observamos que se comunican frecuentemente con los ángeles. Comunicación fundada en la sencilla fe de que espíritus invisibles a quienes el amor induce a orar por las personas en particular y por las comunidades ante el torno de Dios.
Los ángeles ayudan ante todo en el campo espiritual y sobrenatural. Esto lleva consigo su solicitud por las necesidades corporales en la medida en que éstas se relacionan con la salvación y santificación.
Debemos amar y venerar al propio Angel de la Guarda, por que él nos mantiene en comunicación con el Cielo. Ha sido siempre y continúa siendo nuestro devoto amigo, dispuesto en todo momento a ayudarnos en nuestro camino del Cielo.
Honrando a nuestro Angel de la Guarda, honramos a Dios al mismo tiempo, pues lo representan en la tierra. Es gran honor tener por amigo a criatura tan bella y leal a Dios.

La Palabra de Dios

He aquí que yo voy a enviar un ángel delante de ti, para que te guarde en el camino y te conduzca al lugar que te tengo preparado.

Pórtate bien en su presencia y escucha su voz; no le seas rebelde, que no perdonará vuestras transgresiones, pues en él está mi Nombre. Ex 23, 20-21

 

Que Él dará orden sobre ti a sus ángeles de guardarte en todos tus caminos.

Te llevarán ellos en sus manos, para que en piedra no tropiece tu pie; Sal 91, 11-12

 

«Guardaos de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos. Mt 18, 10

 

 

Oración Al Arcángel Miguel “

Oración Al Arcángel Miguel “

 

Glorioso Príncipe del Cielo,

divino Miguel Arcángel,

Primer ministro de Dios,

Amigo de Jesucristo,

Defensor de la fe y abogado de los hombres:

Tú que estás defendiendo todas las religiones,

tú que gobiernas en esta era del rayo azul,

que tanto favoreces a tus devotos.

Haz que yo sepa amar y servir,

protégeme de la injusticia,

ayúdame a amar a mis enemigos,

a fin de convertirlos en amigos.

Alcánzame del Señor lo que te pido en este

momento (hacer petición)

para mayor honra y Gloria suya

y provecho de mi Alma.

 

 

(*) (Aquí, con la mayor confianza y devoción

que se pudiere, pedirá cada uno la gracia

que se desea alcanzar en esta oración).Amén.

 

 

 

 


ORACIÓN AL ARCANGEL RAFAEL PIDIENDO SANACIÓN

Dios te bendiga, Santo Arcángel Rafael, pues tu eres uno de  los siete maravillosos Arcángeles del Señor, que trabajáis día a día por la obra divina.  Guíanos en el camino de la sanación, pues por tu intermedio es solo Dios, el que sana. Tu que caminaste con Tobías, curaste a Tobit, venciste a Asmodeo encadenándolo en Egipto y liberaste a Sara, camina a mi lado, guíame, enséñame y revélame lo que debo hacer. Te pido especialmente, que por la sabiduría que Dios te ha concedido, y apelando con todo mi corazón a la misericordia divina, que nace del Padre, se expresa en el Hijo y se materializa en el Espíritu Santo; que tengas a bien elevar, sanar, proteger y liberar a (decir el nombre del enfermo) que tanto lo necesita. Bendice especialmente sus medicamentos, y a los médicos que lo asisten, para que guiados por la fuerza vivificadora del Espíritu Santo la salud habite en armonía en ese cuerpo, ese espíritu y esa alma de nuestro Señor. Amén.


 

Los ángeles, mediadores entre Dios y los Hombres

 

La Tradición de la Iglesia Católica ha visto en los ángeles creaturas puramente espirituales. Cualidades, jerarquía, poderes y prerrogativas de los ángeles.

 

El universo entero, en la inmensidad inaferrable de sus dimensiones y en la incontable cantidad de las especies e individuos que lo pueblan; en el férreo orden que lo une y en la suave y dinámica armonía que lo impregna, proclama, con arcano lenguaje, las maravillas de su Creador.

Sí, así es, porque Dios, en un misterioso y sabio designio de su admirable providencia, ha querido comunicar al mundo las infinitas e insospechadas riquezas de su ser y para ello no sólo se ha contentado con llamar a la existencia la variada multitud de creaturas y con ordenarlas jerárquicamente entre sí, sino que además se ha complacido en hacerlas partícipes de su gobierno del universo, dotándolas de actividades propias que las hagan capaces de influir provechosamente sobre las demás. La obra divina de la creación, pues, tal como Dios la ha planeado, no constituye un mero conjunto desmembrado de partes de incalculable variedad. Por el contrario, ella conforma un todo uno, armónico y jerarquizado donde cada uno de los seres que la habitan refleja la bondad y perfección divinas no tan sólo con su grado de ser sino también con su obrar.

Las criaturas, pues, así asociadas al gobierno providencial divino, obran unas sobre otras y lo hacen imitando la pedagogía con la que Dios mismo guía y conduce el universo y según la cual los seres superiores comunican los bienes a los inferiores a través de los intermedios [1].

Un claro ejemplo de esta ley divina lo tenemos en la revelación sobrenatural de la Ley del Antiguo Testamento. Dios, ciertamente, hubiera podido revelarla por sí mismo y, sin embargo, fiel a sus sapientes disposiciones, ha querido dispensarla al pueblo elegido por la mediación de los ángeles [2].

No resulta difícil, a la luz de esta ley general de la Providencia, comprender el lugar privilegiado que los ángeles ocupan en la creación. A través de ellos, en efecto, y en su condición de superioridad y de mayor perfección, Dios hace llegar sus bienes a las criaturas que ocupan un escalafón inferior en la jerarquía universal, sean éstos, ángeles, hombres o seres inanimados, y lo hace tanto en el orden natural como en el sobrenatural.

La sociedad angélica y sus diversos órdenes.

La Tradición de la Iglesia Católica ha visto en los ángeles creaturas puramente espirituales y pertenecientes a un mundo invisible, distribuidas armónicamente según distintas jerarquías y órdenes o coros. Es clásica la división de Dionisio Areopagita y de san Gregorio Magno, retomada y excelentemente explicada por santo Tomás de Aquino [3], en tres jerarquías celestes, subdivididas, a su vez, en tres coros cada una. Se distinguen, así, los nueve coros angélicos siguientes, ordenados de mayor a menor perfección: Serafines, Querubines, Tronos, Dominaciones, Virtudes, Potestades, Principados, Arcángeles y Ángeles. Con estos nueve nombres se designan a los espíritus puros según la diversidad de sus funciones y de las propiedades de sus respectivas naturalezas.

En la primera jerarquía angélica se ubican los espíritus que contemplan directamente en Dios, de manera perfecta, el orden de la divina providencia. Las más elevadas entre estas creaturas privilegiadas son llamadas Serafines, nombre que señala el incendio de amor que en ellos suscita la contemplación de la Bondad divina en la que ven, con luminosa claridad, la razón última del obrar providencial de Dios. Los siguientes en un orden descendiente de perfección son conocidos como Querubines. Este nombre significa plenitud de ciencia y es dado a estos ángeles porque beben las razones del plan providencial de Dios directamente de la fuente del divino saber. Cierran esta jerarquía los Tronos que contemplan los juicios divinos en sí mismos, hecho del cual deriva su nombre que hace referencia a la potestad de juzgar. Los espíritus de la segunda jerarquía angélica, aún contemplando a Dios directamente, a causa, precisamente, de su menor perfección no ven tan acabadamente en Él las razones de su Providencia sino que las conocen en sus principios y causas universales. En este grado, los más perfectos son las Dominaciones. A ellos corresponde regular la acción de los diversos mediadores que ejecutan el plan divino. Es en razón de su función reguladora y dominadora, pues, que reciben su nombre propio. Los segundos dentro de este mismo nivel jerárquico son las Virtudes. A ellos corresponde hacer ejecutar en concreto, bajo el control y cuidado de las Dominaciones, los designios divinos. Una vez que este plan es puesto en ejecución, corresponderá a los ángeles del tercer coro dentro de esta segunda jerarquía, es decir, a las Potestades, preservar sus efectos contra toda posible perturbación.

Los ángeles de la tercera jerarquía, bienaventurados como los anteriores, pues contemplan directamente como ellos el rostro de Dios, toman su conocimiento del orden del gobierno divino de sus principios y causas particulares y se ubican inmediatamente por encima de todo aquello que entra dentro del horizonte humano. Los espíritus que regulan y cuidan el bien común de estas realidades humanas, por ejemplo, los reinos y ciudades, son los denominados Principados. La disposiciones de los reinos y el paso de poder de uno a otro está sometido al cuidado providencial de estos seres espirituales. Los bienes humanos, por su parte, que no siendo comunes se ordenan al beneficio de muchos, están bajo la especial tutela de los Arcángeles, que ocupan el segundo puesto dentro de este tercer plano jerárquico. Así, por ejemplo, correspondió al Arcángel san Gabriel la tarea de anunciar la Encarnación a la Virgen para que todos la creyeran. El bien privado y personal de los hombres, en fin, es custodiado por los ángeles guardianes, llamados también simplemente ángeles, con los cuales se cierra esta última jerarquía angélica.

El influjo de los ángeles sobre los cuerpos.

Aunque el poder confiado por Dios a los ángeles les permite actuar sobre las demás creaturas, solamente sobre los cuerpos pueden ejercer un influjo directo. En efecto, ellos pueden impartir a los seres corpóreos, ante todo, un movimiento de tipo local y tan sólo a través de esta acción es que pueden lograr, posteriormente, otros efectos, sean de índole corporal, sean, inclusive, de carácter inmaterial. Se trata, sin embargo, de un impulso local que no brota directamente de la naturaleza misma de los cuerpos sometidos al influjo de la acción angélica sino, precisamente, de la acción de la creatura espiritual superior. De manera semejante sucede con el flujo y reflujo del mar, por ejemplo, que no se debe tanto a la naturaleza misma del agua cuanto a la atracción e influjo de la luna. Es gracias a esta capacidad activa que los espíritus puros pueden asumir, como lo testimonia la Escritura, ciertos cuerpos e, incluso, ejercer por medio de ellos muchas otras y variadas actividades. En el plan de la divina providencia, sin embargo, estas asunciones de cuerpos y las diversas acciones ejercidas sobre ellos no se deben a que los ángeles estén necesitados de ello, sino que se ordenan al bien del hombre, esto es, para manifestarnos más familiar y acomodadamente la verdad que ellos conocen y que Dios les ha mandado enseñarnos. Por esto no se dice que el ángel se una a un cuerpo al modo como lo está unida nuestra alma. Si el espíritu puro asume un cuerpo o se une a él es solamente como a un instrumento para dar a conocer, por su intermedio, y con un lenguaje más adaptado al hombre, el mensaje que quiere transmitir [4].

La iluminación y la persuasión angélica.

Una de las principales actividades que los ángeles ejercen sobre las creaturas intelectuales es la manifestación de la verdad por ellos conocida. Este particular influjo recibe el nombre de iluminación a causa de su semejanza analógica con la acción de la luz física sobre el acto de visión. En efecto, por medio de la luz el hombre puede ver los colores de las cosas que lo rodean, no sólo porque los hace visibles en sí mismos, sino además porque conforta y refuerza la capacidad visiva humana. En base a esta comparación podemos comprender en qué consiste la iluminación angélica. Ella es llevada a cabo de dos modos distintos y complementarios, es decir, confortando y potenciando el intelecto de la criatura inferior, por un lado, y haciéndoles inteligibles las verdades que escapan a su capacidad intelectual, por el otro [5]. Los espíritus puros, entonces, iluminan a otro ángel o a un ser humano cuando, convirtiéndose o acercándose espiritualmente a la creatura intelectual inferior, fortifican sus capacidades intelectuales. Gracias a esta conversión o, a falta de un vocablo más adecuado, cercanía espiritual, el ángel inferior o el hombre se ven como inundados por la luz intelectual de la creatura superior resultando confortados y reforzados en su inteligencia, de manera semejante a como, bajo la acción de una luz intensa, la vista es confortada y potenciada en modo tal de requerir menos esfuerzo para distinguir los colores. Se da aquí algo similar a lo que sucede cuando un cuerpo más cálido se acerca a otro menos cálido provocando un aumento del calor en este último, sólo que en lugar de proximidad física, en el caso de la iluminación angélica más bien debemos hablar de cercanía o aproximación espiritual.

Pero un ángel puede también iluminar a otro al modo como un maestro enseña a su alumno una verdad que, sin su ayuda y enseñanza, no podría llegar a conocer. Así como el maestro, que conoce una verdad más perfectamente, la adapta con su pedagogía a la capacidad de comprensión de su alumno, y así se dice que lo ilumina con su ciencia, así también el ángel superior ilumina la inteligencia del ángel inferior. Esta iluminación angélica, sin embargo, no se da por medio de una acción directa del espíritu más perfecto sobre la inteligencia del inferior, como si penetrara en la intimidad de su mente para poner allí sus propias ideas. Esta posibilidad es prerrogativa exclusiva de Dios y nadie más que Él puede entrar en el sagrario de la inteligencia y voluntad sin violentarlas. El ángel, por el contrario, no siendo Dios, puede, según su propia virtualidad, influir sobre las capacidades intelectuales de otras criaturas pero tan sólo proponiendo como un maestro la verdad por él conocida. Por su parte, la iluminación angélica recibida por un hombre procede por caminos propios, esto es, por vías especialmente adaptadas a la índole de su capacidad cognoscitiva y según la cual lo que el hombre conoce con su inteligencia ha debido pasar primero por sus sentidos. Esta particular característica abre una doble posibilidad para la iluminación angélica de la mente humana. En efecto, el ángel puede, por una parte, obrar visiblemente sobre la creatura racional y, así, se dice que ilumina la inteligencia humana hablando un lenguaje sensible. Éste ha sido el caso, por ejemplo, de los ángeles que rescataron a Lot y su familia de la destrucción de Sodoma y Gomorra[6].

Como quiera que sea, más allá de este tipo de iluminación, el ángel puede también obrar invisiblemente sobre la inteligencia del hombre, pero siempre respetando su ley de conocimiento, es decir, la regla de la mediación de los sentidos, a la cual está obligado no sólo porque la naturaleza humana así lo exige, sino también a causa de la condición creatural del mismo espíritu angélico dado que, como ya dijimos, ningún ser creado, sino sólo Dios, puede influir directamente en la mente de las criaturas intelectuales. Así sucedió con san José cuando el Ángel del Señor le anunció en sueños que no debía abandonar a la Santísima Virgen [7]. En conformidad con la norma del conocimiento del hombre, entonces, se dice que el ángel ilumina indirectamente la inteligencia humana actuando sobre la imaginación, es decir, suscitando imágenes sensibles a partir de las cuales el intelecto del hombre pueda abstraer el conocimiento que el ángel quiere transmitirle y que, sin su iluminación, no podría alcanzar. La posibilidad para el ángel de despertar estas imaginaciones está vinculada a la estrecha unidad, en el hombre, entre su alma y su cuerpo. Las creaturas puramente espirituales no pueden obrar directamente sobre la inteligencia pero, a decir verdad, tampoco pueden ejercer un influjo directo sobre la imaginación, como si fueran capaces de invadir esta zona del alma humana y depositar allí, a voluntad, las imágenes sensibles de las cosas que quieran dar a conocer. Como ha sido ya establecido, su acción directa se ejerce sólo sobre el cuerpo humano, más precisamente, sobre aquel punto donde su unión con el alma parece ser más estrecha, provocando el movimiento y la acción, como enseña santo Tomás de Aquino, de diversas sustancias, líquidos y humores, es decir, actuando sobre el sistema nervioso, causando diversas reacciones químicas en el cerebro, etc [8]. Inmutando el sentido por medio de estas acciones, el ángel, con inusitada habilidad, suscita distintas representaciones imaginativas. Algo parecido sucede cuando un orador experto, obrando sobre el oído de sus oyentes por sus palabras y sobre su visión por sus gestos, despierta en ellos emociones y pasiones que hasta pueden llegar a alcanzar grados de intensidad verdaderamente sorprendentes.

Ahora bien, la actividad iluminativa que hasta aquí hemos considerado es como la antesala de otra gran acción angélica ejercida, esta vez, sobre la voluntad. Denominamos a esta operación, persuasión, esperando que los motivos de la elección de este nombre se verán claramente en lo que sigue. Dejando a salvo el exclusivo privilegio divino de obrar directamente sobre la voluntad de las creaturas intelectuales, al ángel puede también obrar sobre ella, aunque indirectamente, pues puede solicitar su inclinación presentándose a sí mismo ante ella como un bien digno de ser amado, o mostrándole algún bien creado ordenado a la bondad de Dios o, en fin, despertando pasiones que muevan y empujen su voluntad [9]. Este modo de obrar de los espíritus puros sobre la voluntad es diverso al que ejercen sobre la inteligencia. Cuando iluminan el intelecto, la verdad manifestada se presenta con tal fuerza que la criatura inteligente no puede negar su asentimiento. Pero no siendo en sí mismos el bien universal, ni pudiendo presentar a la voluntad sino bienes particulares y parciales, no la pueden mover necesariamente. La voluntad siempre conserva su libertad, aun en el caso de ser excitada por medio de pasiones diestramente provocadas. Es verdad que cuando los espíritus puros buenos actúan sobre el hombre la correcta elección humana se ve fuertemente facilitada, cuanto más que, por el gran dominio angélico de los cuerpos, el impulso del buen movimiento es acompañado por acciones concomitantes dirigidas a neutralizar las influencias y costumbres perniciosas, a calmar la violencia de las pasiones contrarias o, incluso, a rechazar el obrar de poderes diabólicos. Con todo, el hombre siempre permanecerá libre de secundar aquel buen movimiento y por ello hemos dicho que la moción angélica de la voluntad se da siempre al modo de la persuasión y nunca jamás como coacción.

El ángel de la guarda.

Habiendo creado y ordenado a los espíritus puros según sus diversas funciones y grados de perfección, Dios también los ha querido asociar a su gobierno providencial del universo confiándoles la misión de obrar sobre las creaturas inferiores. Todos, pues, podemos decir, por especial mandato divino, cumplen alguna misión en la creación, sea ésta exterior, es decir, que tiene por objeto la creatura corporal, sea interior, esto es, ordenada a producir algún efecto de tipo más bien intelectual. En este último sentido, entonces, no es incorrecto afirmar que todos los miembros de los distintos coros angélicos reciben de Dios la misión de iluminar a otros. Con todo, no puede decirse lo mismo respecto de las misiones externas ya que no todos los espíritus puros son enviados a realizarlas, en razón, otra vez, de la misma ley de la Providencia [10]. En efecto, como hemos visto, según esta regla, los ángeles superiores no dispensan sus bienes a los seres inferiores si no es a través de las creaturas intermedias. Es verdad que, en el orden natural, algunas veces el ser superior ejerce su acción sobre el inferior al margen de los intermedios. Esto sucede, por ejemplo, cuando Dios, o un ángel por mandato divino, realizan un milagro. Con todo, en el orden sobrenatural no se ve por qué razón esta ley providencial no vaya a ser siempre respetada. Ante todo, porque si el orden natural no es obedecido, es en vistas de obtener un bien mayor en el plano superior de la gracia. Pero el orden sobrenatural es último y no se ordena a otro plano por encima suyo como para poder suspender, en su beneficio, sus propias leyes. Además, si esto sucediera en el mundo de las creaturas puramente espirituales, los hombres no podrían saberlo y, así, resultaría inútil para su propio provecho, ya que si el Creador hace algún milagro es para confirmar a los hombres en la fe [11]. En consecuencia, debe decirse que no todos los espíritus puros reciben de Dios la misión de llevar a cabo algún particular ministerio sobrenatural externo, sino solamente los de rango jerárquico inferior [12].

En efecto, si así no fuera, los ángeles supremos actuarían sobre los seres menos perfectos sin la mediación de las creaturas intermedias, obviando así la ley general de la Providencia, que, en el plano sobrenatural, como acabamos de ver, no conoce excepciones. Entre los ángeles enviados en misión se encuentran los ángeles custodios, cuya tarea consiste en auxiliar a cada uno de los hombres en el camino de la salvación. Esta verdad, aunque aún no haya sido definida solemnemente por la Iglesia, no deja de pertenecer a la fe católica. Es más, la misma Sagrada Escritura y la Tradición admiten la existencia de otros ángeles custodios o tutelares no ya enviados a cuidar de cada hombre en particular sino a diversos ordenes más generales. Así, por ejemplo, los Principados y los Arcángeles, especialmente san Miguel, se encargan de tutelar la humanidad en general y sus distintos reinos e, incluso, iglesias [13]; las Virtudes rigen y cuidan el mundo de los cuerpos; los Principados auxilian a los ángeles buenos y las Potestades ejercen su acción sobre los mismos demonios.

Conclusión.

La existencia y distinción de seres angélicos no puede ser considerada como un cuento de niños, al contrario, ella se revela como una necesidad tanto del orden general del gobierno por el cual Dios conduce todas las cosas hacia sí, cuanto de la particular situación humana en su camino hacia el cielo. La divina Providencia, como en varias oportunidades hemos dicho, ha dispuesto que las creaturas superiores dispensen sus bienes a las inferiores. En conformidad con esta norma, Dios ha mandado y manda a sus ángeles a custodiar y gobernar especialmente a los hombres, y esto lo hace no tan sólo por el prurito de mantener intacta una simple ley de orden sino para usar de misericordia para con nosotros, tan necesitados de la compasión divina. El ser humano, en efecto, especialmente después de la caída original, está necesitado de este precioso auxilio pues no es capaz de evitar suficientemente por sí mismo los males que lo apartan de su fin último, ni de poner como se deben los actos virtuosos que positivamente lo conducen hasta él. En su situación presente, en efecto, las pasiones agitan su alma, obnubilan su inteligencia y dificultan la tarea de su voluntad, enferma y debilitada para observar en su totalidad los preceptos de la ley natural y, con mayor razón, los mandamientos de la ley de la gracia. Ante esta difícil situación humana Dios ha querido proveer directamente a la rectificación del afecto desordenado infundiendo en las almas los dones de la gracia y virtudes e, indirectamente, enviando a los hombres sus ángeles custodios de manera que, iluminando su inteligencia, faciliten la tarea rectora de la prudencia [14]. Así, pues, del mismo modo que la Providencia divina tiene cuidado de todas y cada una de sus creaturas y provee para ello el auxilio y asistencia de distintos espíritus puros, así también ejerce su paternal cuidado de los hombres proveyendo a todos y cada uno de ellos, desde su mismo nacimiento, de un ángel guardián para que los acompañe a lo largo de toda la vida terrena. Y aun después de la muerte,

Dios ha dispuesto que quien se haya salvado tenga junto a sí, y para siempre, un ángel que compartirá su corona de gloria, mientras que quien se haya condenado tendrá a su lado un ángel caído que lo castigará eternamente [15].

Por medio de estos ángeles guardianes los hombres somos librados diariamente de gravísimos peligros espirituales y corporales de los cuales no siempre somos conscientes. Ellos, en efecto, no solamente iluminan la verdad en la inteligencia o inspiran buenos deseos y propósitos en la voluntad sino que también nos protegen de los males que nos amenazan. Es más, su función mediadora no es solamente descendente. Por el contrario, también interceden ante Dios por nosotros presentando ante el trono de la divina majestad nuestras oraciones, nuestros sacrificios e, incluso, el acto del culto público por excelencia de la Iglesia, el Sacrificio Eucarístico de Jesucristo, tal como lo testimonian los textos bíblicos y la misma liturgia de la Iglesia Católica [16].

El culto de los ángeles, entonces, queda, según lo dicho, sólidamente justificado y ampliamente recomendado, no sólo por nuestro propio bien y provecho sino, además, porque, por medio de nuestros actos de devoción, honramos inmensamente también a Dios, pues ha sido Él mismo quien ha dispuesto a nuestro favor su valioso auxilio y protección. Que tan excelentes creaturas no dejen, entonces, de presentar ante el altar de la Divina Majestad la prenda más preciosa de nuestro culto, el Sacrificio Eucarístico de nuestra Redención; que no nos falte, tampoco, su poderosa ayuda, que nos defiendan en la batalla, que nos amparen contra las perversidades e instigaciones del diabólico enemigo, que protejan a la Santa Iglesia Católica y, ya que la soberana y divina Bondad, como reza una piadosa y tradicional oración, nos ha encomendado a sus solícitos cuidados, que no dejen jamás de iluminarnos, guardarnos, regirnos y gobernarnos. Amén.

Arcángel San Gabriel

Este arcángel es el símbolo de la Misericordia, concebido como parte de la Fe Cristiana, aunque también representa al Consuelo y a la Encarnación. Comparte algunas características con el Arcángel San Miguel, puesto que ambos son considerados ángeles del juicio. La Biblia menciona a Gabriel asociado a palabras de gran intensidad como poder, fuerza y enorme.

La tradición judí...a hizo hincapié en estos rasgos de San Gabriel, y le atribuye la catástrofe de la ciudad de Sodoma y la destrucción de las huestes Senaquerib. Pero, además, lo rememoran como el arcángel que sepultó a Moisés y como el encargado de marcar con la letra Tau sobre la frente del elegido, según Ezequiel, 4.

Este famoso y poderoso ángel, perteneciente a la tercera jerarquía, sólo es nombrado en dos pasajes, dentro del Nuevo Testamento, aunque no es claro que haya sido él quien apareció ante San José y los pastores, ni que él haya alentado a Cristo en el jardín, tal como supone el himno para Laudes correspondiente al día 24 de Marzo.

Arcángel San Gabriel

LAS APARICIONES BÍBLICAS

Este ser celestial se presenta en propias palabras: Yo soy Gabriel, que asisto a la vista de Dios (Lc, 1, 19), indicando su rango de mensajero de Dios en un nivel diferente al de los Querubines y Serafines, tal como señala Santo Tomás.

También se lo llama Fortitudo Dei (que significa Fortaleza de Dios). Analizando el texto bíblico, encontramos que sólo se mencionan cuatro apariciones de San Gabriel.

En primer lugar, En Dn VIII se explica la imagen del carnero junto al macho cabrío, presagiando la destrucción del imperio persa a manos de Alejandro Magno, y se indica que luego de su muerte el reino sería desmembrado entre sus generales. Uno de estos tiene un hijo llamado Antioco Epifanio.

Por otra parte, en el capítulo IX, después del pasaje en que Daniel ora por Israel, podemos leer que las Sagradas Escrituras explican que aquél varón Gabriel… se me acercó en rápido vuelo para comunicar la secreta profecía acerca de las setenta semanas necesarias para preparar la venida de Jesucristo. Cabe mencionar que en el capítulo X no se aclara si se alude al Arcángel Gabriel, aunque es posible atribuirle la hermosa caracterización que aparece en los versículos 5 y 6.

Por último, Gabriel cobra protagonismo en el Nuevo Testamento, al indicarle a Zacarías el nacimiento del precursor, y en la profecía fundamental ofrecida a María –Madre del Señor– acerca de la venida de su hijo.

¿El Ángel de la Guarda acompaña a las almas del purgatorio?

 

Cuando uno muere y su alma está en el purgatorio, ¿allí también lo acompaña su ángel de la guarda?

 

 

¿El Ángel de la Guarda acompaña a las almas del purgatorio?

Cuando uno muere y su alma está en el purgatorio, ¿allí también lo acompaña su ángel de la guarda o sólo está presente cuando uno esta vivo? ¿qué opinión tiene la doctrina católica al respecto?

Como principales efectos de la guarda de nuestros ángeles custodios se enumeran los siguientes:

a) Los ángeles custodios libran constantemente a sus protegidos de innumerables males y peligros, así del alma como del cuerpo: Que el ángel que me ha librado de todo mal –dijo Israel a su hijo José– bendiga a éstos niños (Gn 48,16).

b) Contienen a los demonios para que no nos hagan todo el mal que ellos desearían hacernos : recuérdese la historia de Tobías.

Excitan de continuo en nuestras almas pensamientos santos y consejos saludables (Gen 16 y 18; Act 5.8.10).

c) Ponen ante Dios nuestras oraciones, no porque Dios, omnisciente, necesite de esto para conocerlas, sino para que las oiga benignamente, e imploran por sí mismos los auxilios divinos que nos ven necesitar, cuando a lo mejor nosotros ni siquiera percibimos que necesitamos o que recibimos tales auxilios (cf. Tob 3 y 12; Act 10).

d) Iluminan nuestros entendimientos, proporcionándonos las verdades de modo más fácil de comprender mediante el influjo que pueden ejercer directamente en nuestros sentidos interiores y exteriores.

e) Nos asisten particularmente en la hora de la muerte, cuando más lo necesitamos.

f) Es opinión piadosa de los teólogos que los ángeles custodios respectivos acompañan las almas de sus protegidos o custodiados al purgatorio o al cielo después que éstos mueren, como acompañaban las de los antiguos patriarcas al seno de Abraham; efectivamente, en la recomendación del alma después de la muerte de los fieles cantaba la Iglesia: “Salid a su encuentro, ángeles del Señor, recibiendo su alma, poniéndola en presencia del Altísimo...; que los ángeles te lleven al seno de Abraham”.

g) Créese también piadosamente que los ángeles custodios atienden las oraciones suplicatorias dirigidas por los fieles a las almas de sus custodiados cuando éstas se encuentran todavía en el purgatorio “en estado no de socorrer, sino de ser socorridas”[1]; de hecho, las súplicas hechas a las almas del purgatorio se dice que son de las más efectivas.

h) Por último, acompañarán eternamente en el cielo a sus custodiados que consigan la salvación “no para protegerlos, sino para reinar con ellos”[2] y “para ejercer sobre ellos algunos ministerios de iluminación”[3].

 

 


Ángeles y demonios
Catequesis de Juan Pablo II sobre ángeles y demonios
 
Ángeles y demonios
Ángeles y demonios



  • La existencia de los Ángeles revelada por Dios


  • 1. Nuestras catequesis sobre Dios, Creador del mundo, no podían concluirse sin dedicar una atención adecuada a un contenido concreto de la revelación divina: la creación de los seres puramente espirituales, que la Sagrada Escritura llama ´ángeles´. Tal creación aparece claramente en los Símbolos de la Fe, especialmente en el Símbolo niceno-constantinopolitano: Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todas las cosas (esto es, entes o seres) ´visibles e invisibles´. Sabemos que el hombre goza, dentro de la creación, de una posición singular: gracias a su cuerpo pertenece al mundo visible, mientras que, por el alma espiritual, que vivifica el cuerpo, se halla casi en el confín entre la creación visible y la invisible. A esta última, según el Credo que la Iglesia profesa a la luz de la Revelación, pertenecen otros seres, puramente espirituales, por consiguiente no propios del mundo visible, aunque están presentes y actuantes en él. Ellos constituyen un mundo específico.

    2. Hoy, igual que en tiempos pasados, se discute con mayor o menor sabiduría acerca de estos seres espirituales. Es preciso reconocer que, a veces, la confusión es grande, con el consiguiente riesgo de hacer pasar como fe de la Iglesia respecto a los ángeles cosas que no pertenecen a la fe o, viceversa, de dejar de lado algún aspecto importante de la verdad revelada.La existencia de los seres espirituales que la Sagrada Escritura, habitualmente, llama ´ángeles´, era negada ya en tiempos de Cristo por los saduceos (Cfr. Hech 23, 8). La niegan también los materialistas y racionalistas de todos los tiempos. Y sin embargo, como agudamente observa un teólogo moderno, ´si quisiéramos desembarazarnos de los ángeles, se debería revisar radicalmente la misma Sagrada Escritura y con ella toda la historia de la salvación´ (.). Toda la Tradición es unánime sobre esta cuestión. El Credo de la Iglesia, en el fondo, es un eco de cuanto Pablo escribe a los Colosenses: ´Porque en El (Cristo) fueron creadas todas las cosas del cielo y de la tierra, las visibles y las invisibles, los tronos, las dominaciones, los principados, las potestades; todo fue creado por El y para El´ (Col 1, 16). O sea, Cristo que, como Hijo-Verbo eterno y consubstancial al Padre, es ´primogénito de toda criatura´ (Col 1, 15), está en el centro del universo como razón y quicio de toda la creación, como ya hemos visto en las catequesis precedentes y como todavía veremos cuando hablemos más directamente de El.

    3. La referencia al primado de Cristo nos ayuda a comprender que la verdad acerca de la existencia y acción de los ángeles (buenos y malos) no constituyen el contenido central de la Palabra de Dios.En la Revelación, Dios habla en primer lugar ´a los hombres. y pasa con ellos el tiempo para invitarlos y admitirlos a la comunión con El´, según leemos en la Cons. ´Dei Verbum´ del Conc. Vaticano II (n.2). De este modo ´las profunda verdad, tanto de Dios como de la salvación de los hombres´, es el contenido central de la Revelación que ´resplandece ´ más plenamente en la persona de Cristo (Cfr. Dei Verbum 2).La verdad sobre los ángeles es, en cierto sentido, ´colateral´, y, no obstante, inseparable de la Revelación central que es la existencia, la majestad y la gloria del Creador que brillan en toda la creación (´visible´ e ´invisible´) y en la acción salvífica de Dios en la historia del hombre. Los ángeles no son, criaturas de primer plano en la realidad de la Revelación, y, sin embargo, pertenecen a ella plenamente, tanto que en algunos momentos les vemos cumplir misiones fundamentales en nombre del mismo Dios.

    4. Todo esto que pertenece a la creación entra, según la Revelación, en el misterio de la Providencia Divina. Lo afirma de modo ejemplarmente conciso el Vaticano I, que hemos citado ya muchas veces: ´Todo lo creado Dios lo conserva y lo dirige con su Providencia extendiéndose de un confín al otro con fuerza y gobernando con bondad todas las cosas. "Todas las cosas están desnudas y manifiestas a sus ojos", hasta aquello que tendrá lugar por libre iniciativa de las criaturas´. La Providencia abraza, por tanto, también el mundo de los espíritus puros, que aun más plenamente que los hombres son seres racionales y libres. En la Sagrada Escritura encontramos preciosas indicaciones que les conciernen.Hay la revelación de un drama misterioso, pero real, que afectó a estas criaturas angélicas, sin que nada escapase a la eterna Sabiduría, la cual con fuerza (fortiter) y al mismo tiempo con bondad (suaviter) todo lo lleva al cumplimiento en el reino del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

    5. Reconozcamos ante todo que la Providencia, como amorosa Sabiduría de Dios, se ha manifestado precisamente al crear seres puramente espirituales, por los cuales se expresa mejor la semejanza de Dios en ellos, que supera en mucho todo lo que ha sido creado en el mundo visible junto con el hombre, también él, imborrable imagen de Dios. Dios, que es Espíritu absolutamente perfecto, se refleja sobre todo en los seres espirituales que, por naturaleza, esto es, a causa de su espiritualidad, están mucho más cerca de El que las criaturas materiales y que constituyen casi el ´ambiente´ más cercano al Creador.La Sagrada Escritura ofrece un testimonio bastante explícito de esta máxima cercanía a Dios de los ángeles, de los cuales habla, con lenguaje figurado, como del ´trono´ de Dios, de sus ´ejércitos´, de su ´cielo´. Ella ha inspirado la poesía y el arte de los siglos cristianos que nos presentan a los ángeles como la ´corte de Dios´.

 

Pelear hoy el combate del Señor 
con el ejército de los ángeles buenos

Nunca ha sido tan necesaria como hoy la devoción a los santos Ángeles para pedir con insistencia su protección, cuando agoniza lo que resta de la civilización cristiana y los actos de satanismo, velados o declarados, ganan derecho de ciudadanía.

Con este artículo -que sigue las líneas generales de la enseñanza católica sobre el asunto sin entrar en las legítimas diferencias que existen sobre algunos puntos de la angeología- queremos contribuir a difundir esta devoción. 

 

Cortonese: Catedral de Orvieto, Italia

Al crear Dios tanta variedad de seres corporales, quiso crear también seres inmateriales, espirituales, incorpóreos, invisibles e incorruptibles como los ángeles. Sus perfecciones representan plenamente la bondad y la omnipotencia del Señor que los creó de la nada.

Según la opinión de varios doctores de la Iglesia, los ángeles fueron creados al inicio de la creación del universo. Son incorruptibles e inmortales, pues como no tienen cuerpo, no están sujetos a la muerte, al frío y al calor, al hambre y a  la sed, al cansancio o las enfermedades, ni a ninguna de las miserias a las que está sometido el cuerpo humano.  Están dotados de  una  movilidad sin parangón en la tierra, pues tienen la rapidez del pensamiento. Tienen, desde su creación, un conocimiento perfecto y consumado de todas las cosas que pueden conocer naturalmente. Además su voluntad es constante y eficaz, y quieren tan cabalmente lo que eligen que nunca se apartan de lo escogido.

Ministerio de regir y conservar el mundo
El número de los ángeles excede el de las cosas corporales y materiales, pues Dios, en su perfección y con su poder infinito, creó seres tanto más numerosos cuanto más perfectos.
Los ángeles son los principales ministros de la Divina Providencia para regir y conservar al mundo. Dirigen el movimiento del mundo sideral y con su concertada acción e influencia rigen la vida, variedad, distinción y belleza que hay en las criaturas corporales. Presiden los países, estados, provincias y ciudades, son los conservadores de todas las especies visibles, distribuidores de los dones y ejecutores de la voluntad de Dios.

Cada hombre desde el primero hasta el último, tuvo, tiene y tendrá, como nos enseña la Santa Madre Iglesia, un ángel de la guarda. La única excepción fue Nuestro Señor Jesucristo en su naturaleza humana porque, como también es Dios, no tuvo necesidad de ángel de la guarda.
Todos los hombres sin excepción, sean buenos o malos, fieles o infieles, tienen un ángel custodio y en consecuencia éstos son millones.

Maravilla mayor es que cada ángel difiere de los otros siendo único en su especie, como un inmenso campo cuajado de numerosísimas flores donde no hay dos de una misma especie.

En las Sagradas Escrituras la presencia de los ángeles es citada con frecuencia.
Demonios expulsados de Arezzo- Giotto di Bondone, (sec. XIII-XIV). Basílica Superior de Asis.

Papel de los ángeles según su jerarquía
Consideremos los tres primeros coros angélicos; los Serafines, ángeles del primer coro (del griego “séraf” abrasar, quemar, consumir) exceden a los demás por el fervor de su caridad. Los Querubines (del hebreo “cherub” que San Jerónimo y San Agustín interpretan como “plenitud de sabiduría y ciencia”) sobrepasan a los inferiores en la plenitud de su ciencia. Los Tronos, el tercer coro, llamados algunas veces sedes de Dios, sedes del Todopoderoso, exceden a los inferiores en la visión de Dios, o con más precisión en la comprensión de la razón de las obras divinas.

Los ángeles de los tres coros siguientes tienen mayor relación con la conducción general del universo. Se llaman Dominaciones, los que distribuyen sus funciones y ministerios a los ángeles inferiores. Virtudes se llaman los que ejecutan las directrices  respecto del gobierno universal del mundo y de la Iglesia y para esto realizan prodigios y milagros extraordinarios. Potestades se llaman quienes mantienen a las criaturas en el orden deseado por la Providencia e impiden eficazmente que sea perturbado por los esfuerzos de los demonios o cualquier otra causa maligna. Por último los tres coros angélicos inferiores intervienen en la conducta particular de los Estados y las personas, presiden los países, provincias y diócesis. Los Principados tienen una intendencia más extensa y universal. Los enviados por Dios para ejecutar tareas de gran importancia y llevar mensajes de consideración se llaman Arcángeles y por último, los que tienen como misión guardar a cada hombre en particular para desviarlo del mal y encaminarlo al bien, defenderlo contra sus enemigos visibles e invisibles y conducirlo a la salvación se llaman Ángeles, “por la apropiación que se les hizo del nombre común a todos los espíritus celestes”.1

“Hubo en el Cielo una gran batalla”
¿Cómo fue la caída de los ángeles malos? El conocido teólogo y autor francés Mons. Henri Delassus explica: “Desde su creación Dios llamó a la innumerable multitud de  ángeles a contraer con Él una alianza de amistad tal que, si permanecían fieles, gozarían de la vista de su Ser, lo contemplarían cara a cara, penetrarían en su vida  íntima y participarían de ella.. Su bondad los llenó de amor, ellos debían corresponder a esa anticipación”. 2

Santo Tomás dice que todos los ángeles, sin excepción, bajo la moción de Dios, hicieron al principio un primer acto bueno, que los dirigió hacia Dios como autor de la naturaleza. Les faltaba un segundo acto de amor más perfecto, el acto de caridad, el acto de amor sobrenatural. La gracia los invitaba, los llevaba a volverse a Dios en cuanto es objeto de  beatitud. 3 No todos los ángeles correspondieron. Mientras San Miguel y el gran número que lo seguía acudieron con entusiasmo y gratitud al llamado divino, Lucifer y sus seguidores se negaron a inclinarse ante la magnificencia divina.                                         

Sea como fuera, San Juan dice en el Apocalipsis: “Hubo en el cielo una gran batalla: Miguel y sus ángeles peleaban contra el dragón, y el dragón y sus ángeles peleaban contra él, y no pudieron triunfar  ni fue hallado su lugar en el cielo. Fue arrojado el dragón grande, la antigua serpiente llamada diablo y Satanás que extravía a toda la redondez de la tierra, y fue precipitado en la tierra y sus ángeles fueron con él precipitados”  (Ap. 12, 7-9)

“Dominadores de este mundo de tinieblas”
Como dice San Pablo “no es nuestra lucha contra la sangre y la carne, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo de tinieblas, contra los espíritus inmundos esparcidos por los aires” (Ef. 6, 12).

Que la acción del demonio es hoy más eficaz que en otros tiempos lo demuestra el grado de maldad a que llegó el mundo contemporáneo. El P. Aureliano Martínez O.P., comentando a Santo Tomás, dice que “el demonio tiene doctrinas perversas, a las cuales el Apóstol llama: espíritu del error y enseñanzas del demonio” (1 Tim. 4, 1) con las cuales el dios de este mundo, ciega la inteligencia de los hombres para que no brille en ellos la luz del Evangelio (2 Cor. 4, 4), doctrinas que propala mediante falsos apóstoles y operarios engañadores que se disfrazan de apóstoles de Cristo (2 Cor. 11, 13-14) tentando a los fieles de incontinencia (1 Cor. 7, 5) y de ira (Ef. 4, 27) 4.

En cambio, Santo Tomás enseña que los ángeles buenos, aunque por naturaleza pertenezcan a una jerarquía inferior a la de algunos demonios, (por ejemplo en relación a Satanás) siempre tienen dominio sobre él y los demás ángeles caídos. Pues gozan de la perfección de la amistad con Dios, de la que están privados los demonios y esta perfección es superior a la mera excelencia natural, la única que permanece en los demonios. 5

De igual modo sucede con el hombre que por la gracia santificante está ligado al orden sobrenatural. Lo sobrenatural establece entre los seres una jerarquía de orden superior y así el hombre en estado de gracia puede sustraerse al imperio del demonio; y para que pierda esa prerrogativa que la gracia le da el demonio se esfuerza en arrastrarlo al pecado, como dice San Juan “Todo el que comete pecado es esclavo del pecado” (Jn 8, 34) y por consiguiente del demonio.

El demonio trata de infiltrarse en la propia Iglesia

Mons. Delassus teje respecto de la acción diabólica consideraciones que merecen destacarse:“Lucifer  puede prometerse un imperio sobre la tierra semejante al que conserva en los infiernos sobre quienes lo han seguido en la apostasía. Domina a todos los hijos del orgullo. […] Satán se hizo erigir templos y altares en todos los lugares de la tierra y consiguió un culto tan impío como supersticioso. […] es necesario reconquistar el reino que constituyó, es el magnum praelio del cielo que proseguirá sobre la tierra en las mismas condiciones”

“La Iglesia frecuentemente parecerá exangüe –prosigue Mons. Delassus– y siempre de su muerte aparente sacará una vida nueva. El duelo ha de darse primero entre cada alma y su tentador.[…] para reconquistar su imperio Satanás atacará el cuerpo social como ataca a las personas ´pondré enemistades entre tu descendencia y la de Ella´ […] [Satanás] dice que su triunfo estaría asegurado para siempre si consiguiese formar en el seno de la  propia Iglesia una sociedad de hombres que permanecieran mezclados con los  católicos, como la levadura se mezcla con la masa, para producir una fermentación secreta, que tardaría en desenvolverse varios siglos si  fuera necesario, pero que llegaría infaliblemente a expulsar del cuerpo de la Iglesia el espíritu sobrenatural. […] espera alcanzar por ese envenenamiento lento, insensible e ignorado la disolución completa del Reino de Dios sobre la tierra”. 6

A esta conspiración el autor la llama Revolución. Muestra como obtuvo victorias con el protestantismo, el humanismo y el enciclopedismo y llega hasta los modernistas que eran los herejes recién infiltrados en la Iglesia de su tiempo.

En su obra maestra  Revolución y Contra-Revolución, Plinio  Corrêa de Oliveira afirma que“estamos en los lances supremos de una lucha, que llamaríamos a muerte si uno de los dos contendientes no fuera inmortal, entre la Iglesia y la Revolución. […] La primera, grande, eterna revolucionaria, inspiradora y autora suprema de esta revolución, como de las que la precedieron y la sucederán, es la serpiente, cuya cabeza fue aplastada por la Virgen Inmaculada”. 7

De ahí la urgente necesidad de recurrir a la Reina de los Ángeles en este  momento tan caótico como el que vivimos.

Pidamos a San Miguel Arcángel que ruegue al Dios de la paz por nosotros, para que El “aplaste a Satanás bajo nuestros pies, a fin de que no pueda más mantener cautivos a los hombres y hacer mal a la Iglesia”. Y presente “al Altísimo nuestras oraciones a fin de que sin tardar el Señor nos haga misericordia” y “contenga al dragón, la antigua serpiente, que es el demonio y satanás, y lo lance encadenado al abismo para que no seduzca más a las naciones”. 8

Notas

1 - Cfr. Les Petits Bollandistes, Paris, 1882, tomo 11, pp.501-502

2 - Mons. Henri Delassus, La Conjuration Antichrétienne, Société Saint-Agustin - Desclée, De Brouwer et Cie, Lille, 1910, tomo III, p. 777.

3 - Cfr. Suma Teológica, París I, Q. 63, A, 5,  apud Mons. Delassus, op. cit., p. 768.

4 - Cfr. “Tratado de los Ángeles”, Introducción, p. 511, apud Gustavo Antonio Solimeo y Luis Sergio Solimeo, “Anjos e demonios- A luta contra o poder das trevas”, Artpress, Sao Paulo, 1996, pp. 80-81.

5 - Cfr. Suma Teológica, I, q. 109, a, 4

6 - Mons. Delassus, op. cit., tomo III, pp. 780-803.

7 - Plinio Corrêa  de  Oliveira, Revolución y Contra-Revolución, S. Paulo, 4ta. edición en portugués, 1998, Parte  I, cap. VI y Conclusión.

8 - Exorcismo contra Satanás y los ángeles apóstatas, Ritualem Romanunm, tit. XI c. 3

Otras obras consultadas:

Dictionnaire de Théologie Catholique, Letouzry et Ané, Éditeurs, Paris, 1903, tomo 1º, entrada «ángel », columnas 1189 y ss.

P. Pedro de Ribadaneira, Flos Sanctorum, apus Dr. D. Eduardo Ma Vilarrasa, la Leyenda de Oro, L. González y Compañía –Ed, Barcelona, 1897, 3º tomo, pp. 635 y ss.

Gabriel C. Galache, Los Ángeles, Ediciones Loyola, San Pablo, 1994.

Joâo da Silva Passos, La Verdad sobre los ángeles, Ediciones Ave María, San Pablo, 1995.

P. Paul O’Sullivan, O.P. All about the Angels, TAN Books and Publishers, Inc., R ockford, USA, 1990.

María Pía Giudici, Oe Anjos existem!, Ediciones Loyola, San Pablo, 1995.

 

 

Coro Angélico
de los Querubines

 


"Oh! Dios, que con benevolente providencia nos envías
a tus sabios y santos ángeles Querubines,
concédenos a través de ellos,
representantes del conocimiento divino,
poder alcanzar la esencia de lo que manifiestas
en la tierra y en el Cielo.
Ayúdanos, Oh Padre Celestial,
a obrar con humildad en tu recto camino
y a que tus enviados celestiales alumbren mi corazón,
mis palabras y mis pasos en la vida
con la sabiduría infinita.
Gloria a Ti. Amén."



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Oración al Coro Angélico
de los Serafines

"Señor Dios, Padre clementísimo, 
poderoso en sabiduría, 
te ruego humildemente, si es tu Voluntad, 
me concedas por intercesión 
de tu perfecto coro celestial Serafines, 
el amor como energía esencial purificadora. 
Señor, que tus más cercanos ángeles me asistan en la inteligencia 
para la concreción de mis proyectos 
sobre el basamento espiritual interior 
de la perseverancia, la fe y el amor. 
Gloria a Ti, Señor. Amén." 

 

¿QUE APARIENCIA TIENEN LOS ANGELES?

Ya que los ángeles son espíritus y no seres físicos, no tienen que tomar apariencia visible (Colosenses1:16). En cierta ocasión, Eliseo oró para que su sirviente pudiera ver los ángeles que rodeaban la ciudad y el joven descubrió, entonces, que no se había percatado de la enorme cantidad de seres invisibles (2 Reyes 6:17).

Cuando los ángeles adquieren apariencia visible, por lo regular adquieren forma de hombre. En Génesis 18, Abaham recibió la visita de tres visitantes angélicos, los cuales en un principio sólo parecían viajeros. En el capítulo siguiente dos ángeles fueron a Sodoma en donde se presentaron simplemente como dos visitantes humanos.

Con la posible excepción de un pasaje debatible en Zacarías 5:9, los ángeles siempre toman forma masculina, en vez de femenina (Marcos 16:5).

Algunas veces los ángeles aparecen como hombres de aspecto nada común. Daniel vio un ángel con brazos y piernas que le recordaban el metal pulido y las piedras preciosas, y con un rostro como el relámpago (Daniel 10:5-6). El aspecto del ángel que movió la piedra de la tumba del Señor Jesús era resplandeciente como un relámpago (Mateo 28:3; Lucas 24:4). En Apocalipsis 4:6-8 se describe el aspecto singular de algunos seres que pudieran ser de una de las variedades de ángeles.

Angels in the Bible never appear this way.

Los ángeles de La Biblia nunca tienen la figura del bebé gordinflón con alitas y rostro de hermoso parecer. Siempre son adultos completamente desarrollados. Aquellos sobre los cuales la Biblia nos da razón que tuvieron encuentros con ángeles, por lo regular desfallecieron en su ánimo y cayeron al suelo sobre sus rostros, llenos de temor y asombro. La Biblia nunca nos presenta la imagen del angelito bebé al que se le hacen cosquillas en la papada y se le habla con “¡Agú, agú!”.

Algunos pasajes de la Biblia nos presentan la imagen del ángel con alas (Isaías 6:2,6). Otros pasajes nos hablan de ángeles volando, y con ello inferimos que las alas les serían de gran utilidad (Daniel 9:21). Sin embargo, es muy posible que los ángeles se puedan mover de un lugar a otro sin tener que depender de las alas. La mayoríá de las referencias a los ángeles, en la Biblia, no dicen nada acerca de alas, y en pasajes como Genesis 18-19 en donde Abraham brinda hospitalidad a varios ángeles, no se hace mencion a alas, visibles o invisibles.

 

ORACION A LA VIRGEN DE LOS ANGELES


Oración
Virgen de los Ángeles, que desde tantos siglos has puesto tu trono de misericordia en la Porciúncula, escucha la plegaria de tus hijos que confiados recurren a ti. Desde este “lugar verda-deramente santo y habitación de Dios”, particularmente querido al corazón de San Francisco,siempre has invitado a todos los hombres al Amor.
Tus ojos, llenos de ternura, nos aseguran una continua y maternal asistencia, y prometen ayuda divina a cuantos se postran a los pies de tu trono o desde lejos se dirigen a ti, invocándote en su auxilio.
Eres de verdad la dulce Reina y esperanza nuestra.
Oh Señora de los Ángeles, alcánzanos, por la intercesión del Bienaventurado Francisco, el perdón de nuestras culpas, la ayuda a nuestra voluntad, para mantenernos alejados del pecado y de la indiferencia AMEN

LOS ARCÁNGELES

El prefijo ARC en griego quiere decir < sobre> e indican importancia Arcángeles quiere decir un ángel sobre los demás ángeles, un Angel importante. La Palabra de DIOS  solo menciona propiamente uno y esMiguel que quiere decir <¿quien es como DIOS?> ya que con ese grito se lanza al combate a defender la causa del Altisimo. Podemos encontrar datos sobre el en Apocalipsis 12, 7 y en Daniel 12,1. Es el Jefe de las milicias angélicas y es el que dará él ultimo combate contra los ángeles rebeldes.

La Iglesia le ha dado el titulo de Arcángel a Gabriel, ya que es uno de los pocos ángeles mencionado con nombre propio entre miles de ellos, por lo que la Iglesia  ha considerado que debe ser un Angel importante y de ahí el prefijo <Arc>. Gabriel quiere decir < Poder de DIOS > y es el ángel que trae los mensajes personales del SEÑOR a sus criaturas, es el Angel que anunció la Encarnación a María. Lo podemos encontrar en :

Daniel 8,16

   16y oí una voz de hombre, sobre el Ulay, que gritaba:

  «Gabriel, explícale  a éste la visión.»

Lucas 1, 26

   26Al sexto mes fue enviado por DIOS el ángel Gabriel

  a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret

 

Rafael es otro ángel a quien la Iglesia le ha dado el título de Arcángel  ya que aparece con nombre propio en la Biblia. Quiere decir < DIOS  sana> y lo encontramos en todo el libro de Tobias.

 

 

Los Nueve Coros de ángeles. Jerarquía 

Desde el Seudo Dionisio (siglo VI), Padre de la Iglesia, suelen enumerarse tres jerarquías con tres coros cada una, sumando un total de nueve Coros u Ordenes Angélicos 

Primera Jerarquía (Estos ángeles de la mas alta jerarquía se dedican exclusivamente a glorificar, amar y alabar a Dios en su presencia).
Serafines, Querubines y Tronos

Segunda Jerarquía
Dominaciones, Virtudes y Potestades
 (gobiernan el espacio y las estrellas. Son los responsables del universo entero).

Tercera Jerarquía
Principados, Arcángeles y Ángeles. 
Son los que intervienen en todas nuestras necesidades; esto lo vemos también en la Biblia, cuando se nos presenta la intervención de los arcángeles San Miguel, San Gabriel y San Rafael, vemos que directamente intervienen en la vida de los hombres, cada uno con su propia misión dada por el mismo Dios. También se les ha dado la misión de proteger naciones, ciudades e Iglesias. La visión del profeta Daniel es la que confirma esta misión. (Dn 7 y 8) El cuidado de la Iglesias se confirma con el pasaje de Ap. 1:20 cuando se refiere a los Ángeles de las siete Iglesias.

Algunos autores y Místicos, dividen a los ángeles entre asistentes al Trono Divino, y Mensajeros de Dios para cumplir diversas misiones por encargo suyo. Así por ejemplo, el Libro de Tobías tiene como personaje central al Arcángel Rafael, el cual desempeña un oficio protector admirable y nos muestra el Amor de Dios manifestado en el ministerio de los Ángeles: "Yo soy Rafael, uno de los siete Santos Ángeles que presentamos las oraciones de los justos y tiene entrada ante la majestad del Santo" (To. 12,15).

 

La existencia de los ángeles, una verdad de fe

Del Catecismo de la Iglesia Católica:

I LOS ÁNGELES

La existencia de los ángeles, una verdad de fe

328 La existencia de seres espirituales, no corporales, que la Sagrada Escritura llama habitualmente ángeles, es una verdad de fe. E1 testimonio de la Escritura es tan claro como la unanimidad de la Tradición.

Quiénes son los ángeles

329 S. Agustín dice respecto a ellos: "Angelus officii nomen est, non naturae. Quaeris numen huins naturae, spiritus est; quaeris officium, ángelus est: ex eo quad est, spiritus est, ex eo quod agit, ángelus" ("El nombre de ángel indica su oficio, no su naturaleza. Si preguntas por su naturaleza, te diré que es un espíritu; si preguntas por lo que hace, te diré que es un ángel") (Psal. 103, 1, 15). Con todo su ser, los ángeles son servidores y mensajeros de Dios. Porque contemplan "constantemente el rostro de mi Padre que está en los cielos" (Mt 18, 10), son "agentes de sus órdenes, atentos a la voz de su palabra" (Sal 103, 20).

330 En tanto que criaturas puramente espirituales, tienen inteligencia y voluntad: son criaturas personales (cf Pío XII: DS 3891) e inmortales (cf Lc 20, 36). Superan en perfección a todas las criaturas visibles. El resplandor de su gloria da testimonio de ello (cf Dn 10, 9‑12).

Cristo "con todos sus ángeles"

331 Cristo es el centro del mundo de los ángeles. Los ángeles le pertenecen: "Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles..." (Mt 25, 31). Le pertenecen porque fueron creados por y para E1: "Porque en él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, los Tronos, las Dominaciones, los Principados, las Potestades: todo fue creado por él y para él" (Col 1, 16). Le pertenecen más aún porque los ha hecho mensajeros de su designio de salvación: "¿Es que no son todos ellos espíritus servidores con la misión de asistir a los que han de heredar la salvación?" (Hb 1, 14).

332 Desde la creación (cf Jb 38, 7, donde los ángeles son llamados "hijos de Dios") y a lo largo de toda la historia de la salvación, los encontramos, anunciando de lejos o de cerca, esa salvación y sirviendo al designio divino de su realización: cierran el paraíso terrenal (cf Gn 3, 24), protegen a Lot (cf Gn 19), salvan a Agar y a su hijo (cf Gn 21, 17), detienen la mano de Abraham (cf Gn 22, 11), la ley es comunicada por su ministerio (cf Hch 7,53), conducen el pueblo de Dios (cf Ex 23, 20‑23), anuncian nacimientos (cf Jc 13) y vocaciones (cf Jc 6, 11‑24; Is 6, 6), asisten a los profetas (cf 1 R 19, 5), por no citar más que algunos ejemplos. Finalmente, el ángel Gabriel anuncia el nacimiento del Precursor y el de Jesús (cf Lc 1, 11.26).

333 De la Encarnación a la Ascensión, la vida del Verbo encarnado está rodeada de la adoración y del servicio de los ángeles. Cuando Dios introduce "a su Primogénito en el mundo, dice: 'adórenle todos los ángeles de Dios"' (Hb 1, 6). Su cántico de alabanza en el nacimiento de Cristo no ha cesado de resonar en la alabanza de la Iglesia: "Gloria a Dios..." (Lc 2, 14). Protegen la infancia de Jesús (cf Mt 1, 20; 2, 13.19), sirven a Jesús en el desierto (cf Mc 1, 12; Mt 4, 11), lo reconfortan en la agonía (cf Lc 22, 43), cuando E1 habría podido ser salvado por ellos de la mano de sus enemigos (cf Mt 26, 53) como en otro tiempo Israel (cf 2 M 10, 29‑30; 11,8). Son también los ángeles quienes "evangelizan" (Lc 2, 10) anunciando la Buena Nueva de la Encarnación (cf Lc 2, 8‑14), y de la Resurrección (cf Mc 16, 5‑7) de Cristo. Con ocasión de la segunda venida de Cristo, anunciada por los ángeles (cf Hb 1, 10‑11), éstos estarán presentes al servicio del juicio del Señor (cf Mt 13, 41; 25, 31 ; Lc 12, 8‑9).

Los ángeles en la vida de la Iglesia

334 De aquí que toda la vida de la Iglesia se beneficie de la ayuda misteriosa y poderosa de los ángeles (cf Hch 5, 18‑20; 8, 26‑29; 10, 3‑8; 12, 6‑11; 27,

 

23‑25).

335 En su liturgia, la Iglesia se une a los ángeles para adorar al Dios tres veces santo (cf MR, "Sanctus"); invoca su asistencia (así en el "In Paradisum deducant te angeli..." ("Al Paraíso te lleven los ángeles...") de la liturgia de difuntos, o también en el "Himno querubínico" de la liturgia bizantina) y celebra más particularmente la memoria de ciertos ángeles (S. Miguel, S. Gabriel, S. Rafael, los ángeles custodios).

336 Desde su comienzo (cf Mt 18, 10) a la muerte (cf Lc 16, 22), la vida humana está rodeada de su custodia (cf Sal 34, 8; 91, 1013) y de su intercesión (cf Jb 33, 23‑24; Za 1,12; Tb 12, 12). "Cada fiel tiene a su lado un ángel como protector y pastor para conducirlo a la vida" (S. Basilio, Eun. 3, 1). Desde esta tierra, la vida cristiana participa, por la fe, en la sociedad bienaventurada de los ángeles y de los hombres, unidos en Dios.

 

 

EL PEDIDO DE UN ANGEL

"Yo soy tu ángel. Tu amigo que guarda y protege tus secretos. El que conoce tus tristezas y se alegra con tus dias de buen humor.

Soy el ángel que siempre ha estado aqui, aun cuando no me hayas podido ver, el que te ama tanto y busca siempre el camino mas recto y limpio hacia Dios, soy tu amigo, tu compañero, tu paño de lágrimas y tu fiel guardián.

Nunca te he pedido nada, nunca me he impuesto a tus deseos, y sin embargo, hoy vengo a solicitarte algo... es algo pequeño, que seguramente puedes hacer... ¿lo harias?

Seguramente que si, ¿verdad?

Quisiera que hoy le des un abrazo a alguien, o una dádiva a un niño, o tal vez... le lleves alegría a alguien que esté pasando un mal momento. O si prefieres, sonreir todo el dia y hablar de las cosas buenas y bellas que vendrán en los proximos dias o que hables bien de tu gente, de tu pais, de Dios, de las esperanzas y di que pronto se cumplirán... pero mucho me gustaría que hoy hagas una demostración de amor.

¿Es mucho pedir?

Es solo eso. Una pequeña demostración del amor que Dios te ha dado y puedes compartir.

Porque sabes una cosa,.... si lo haces, ese afecto llegará al lado invisible, a través de finísimos hilos dorados de tu alma, al lugar donde estoy. Un abrazo de tu parte me llegará. ¡Y con eso haremos maravillas!

A veces los angeles tambien necesitamos que alguien nos diga que nos quiere mucho, aunque podríamos pasar siglos enteros sin que eso sucediese, si lo haces a través de tus semejantes pasarán miles de años más y no te pediré nada, sabría ciertamente que el amor florece en ti, que eres tierra fértil para sembrar las mas hermosas obras que Dios quiere enviar. Necesitamos esa porción de afecto hoy"

Extraído de

"El libro de oro de los ángeles"

de Miguel Angel Arcel