CÓMO BAUTIZAR A LOS NIÑOS ABORTADOS

 

El Padre Roberto DeGrandis tiene un libro titulado “Curación a través de la misa”.

Donde habla de la importancia de la misa y de que todas las misas tienen un especial poder de sanación para los enfermos y para todos los que están agobiados en su espíritu y concretamente para estos niños.

Él dice:

“Cuando consideramos el problema de los abortos, niños malogrados o que han nacido muertos, uno de los principios básicos es que estos niños deben ser recibidos con amor.

Una de las formas en que amamos y aceptamos a un niño es dándole un nombre.

Esto les da un sentido de pertenencia y de que ocupan un lugar verdadero en la familia.

Una mujer compartió el siguiente testimonio”.

“Yo tengo 41 años de edad y toda mi vida mi madre ha estado contando la historia de que su madre (mi abuela) murió de parto y que perdió una niña pequeñita.

Mi abuela era huérfana y también había perdido a otro niño antes de mi madre.

Un día mi madre y yo oramos unidas y les dio nombre a los dos niños perdidos por su madre.

Nosotras los ofrecimos al Padre en la luz de Cristo y oramos por estos dos niños y su madre.

A partir de ese día, mi madre nunca más volvió a hablar de ese asunto.

Sintió paz en su vida, después de darles nombre a estos niños y ofrecerlos a Dios”.

Para él es importante ponerles un nombre y orar por ellos ofreciéndolos a Dios para salvarlos.

 

También el P. Roberto DeGrandis cita el testimonio de una mujer:

“Hace veinte años yo quedé embarazada en un momento inoportuno.

Yo estaba enferma, bajo cuidado médico, y escasa de dinero. Yo no podía tener un niño.

Yo luchaba contra esta idea por mi educación católica y deseaba tener una pérdida. Y tuve la pérdida.

Cuando yo vi a esa pequeña vida humana muerta delante de mí en el hospital, me sentí muy apenada.

Antes de llamar a la enfermera, tome un vaso de agua y lo derrame sobre la cabeza del niño bautizándolo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo…

A través de los años, Dios me dio un amor especial por los niños pequeños rechazados y recogí en mi casa a muchos de esos niños pequeños, que habían sido rechazados por sus padres.

Yo los amaba como si fueran míos y ellos me amaban a mí”.

Y escribe en la nota el P. DeGrandis:

“Esta misma mujer compartió que, un tiempo después, ella tuvo una visión de su hijo perdido.

En la visión supo que era un niño y lo vió saludable y vivo con el Señor.

Lo que le impresionó profundamente fue que todos los niños rechazados que ella había recibido en su casa, eran todos niños varones.

Ellos eran un regalo y la forma de sanar su corazón por la pérdida de su hijo”.

El P. John Hampsch aconseja bautizar a estos niños espiritualmente, consagrarlos a Jesús por medio de María y celebrar una misa.

Dice:

“En la consagración total del niño al Señor, los padres deberían pedirle que llene con su amor todas las necesidades del niño.

Como por ejemplo el bautismo de deseo o alguna otra forma desconocida de gracia, semejante al bautismo…

Esto podría ser ratificado por una Eucaristía en la que, en el momento de la comunión, nosotros nos unimos a Jesús de la manera más íntima posible, orando por el niño…

En la oración se debería incluir una petición al Señor para que ese niño sea un “santo privado” o un “intercesor” especial para la familia.

Como epílogo de esta oración a Jesús, es muy recomendable poner al niño en los brazos de María (consagrarlo a Ella), recordando las palabras que Jesús dijo: “Ahí tienes a tu Madre”.

A María se le ha encomendado ser la madre de todos y cada uno de los niños. Y Ella los ama mucho más intensamente que las madres de la tierra”.

 

El P. Marcelino Iragui también recomienda una misa y consagrarlos a Jesús por María. Escribe:

“Una práctica recomendable es el ofrecer la santa misa y comulgar por ellos, sobre todo, cuando se hace en familia.

En esa Eucaristía, se pide a Dios que acoja en su seno a todos los difuntos de la familia…

A veces, los resultados son sorprendentes.

En caso de aborto provocado o involuntario, que no fueron bautizados, se pide al Señor que inspire un nombre para cada uno de ellos.

Y se les acepta como miembros de la familia y se les presenta por su nombre al Señor, arropados en el amor de su Madre, la Virgen María”.

 

El Padre James Manjackal, de la India, menciona una carta que dice:

“Yo he oído a mucha gente que me ha dicho que ha visto a los niños muertos sin bautismo como ángeles y santos después de haber sido bautizados en espíritu.

Algunos dan testimonio de que, cuando necesitan algo, ellos lo piden por intercesión de estos niños ya salvados.

Normalmente, cuando la gente que ha abortado viene a mí con tristeza y sentimiento de culpabilidad, yo les digo que pidan perdón a sus niños antes de bautizarlos en fe y en espíritu.

Varias madres han tenido la experiencia de que sus niños han venido a darles su perdón y a consolarlas.

Yo conozco a mucha gente que tiene contacto con estos niños salvados.

Yo bautizo a los niños muertos sin bautismo, si alguno está presente como padrino.

Muchos sacerdotes no lo hacen debido a su falta de fe o a su ignorancia.

Yo paso dos horas diarias, orando por las almas de los que han muerto.

Muchas almas vienen a mí y se identifican y me dicen sus pecados y yo los bautizo, si no están bautizados, y rezo para que se perdonen sus pecados y pido al Espíritu Santo que los llene de su amor.

Yo tengo maravillosas experiencias de su entrada en el cielo y sus oraciones por mí son de gran poder para mi ministerio.

Los he visto con las caras resplandecientes después de bautizarlos y me han prometido ayuda espiritual.

 

Algunos líderes carismáticos y María Simma y el Dr. McAll hablan de la importancia del ponerles un nombre a estos niños para poder identificarlos.

 

El P. John Hampsch afirma que es muy importante ponerles un nombre a estos niños muertos sin bautismo y ofrecerlos a Jesús.

Y cuenta un caso que le ocurrió durante una misa en Canadá. Uno hombre dio el siguiente testimonio:

“Entre 1958 y 1963 mi mujer tuvo cinco abortos. Yo tenía un gran sentimiento de culpabilidad.

Ayer cuando Ud. dijo que debíamos poner un nombre a estos niños, nosotros nos sentamos y lo hicimos.

Mi esposa puso nombre a tres y yo a dos.

Durante la misa (en visión interior) vi a Jesús delante de mí y me dijo que no me preocupara, que no me sintiera mal, porque ya esos cinco niños estaban en sus brazos y a salvo en el cielo.

A partir de ese día, nuestro amor mutuo ha crecido inmensamente”.

 

ORACIONES

En el periódico alemán “Rettende Macht” del 24 de setiembre de 1973, se habla de las revelaciones de Jesús a una mujer casada y madre de varios hijos.

Entre otros mensajes Jesús le dice sobre los niños abortados:

“Estos pequeñitos pueden conseguir la visión beatífica.

Transmite lo que voy a decirte a los sacerdotes, porque vosotros los podéis bautizar (espiritualmente).

Después de recitar el Credo, toma agua bendita y la esparces en todas las direcciones y di estas palabras:

A todos vosotros, que habéis nacido muertos o que naceréis muertos, a todos los que fueron asesinados en el vientre de sus madres o que serán asesinados, para que podáis alcanzar la vida eterna por medio de Jesús.

(aquí se dice el nombre).

Yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo y el Espíritu Santo.

Al final, reza un Padre nuestro, un Avemaría y un Gloria. De esta manera, puedes bautizarlos a estos pequeñitos y ayudarlos a conseguir el cielo”.

 

Oración por la salvación de los niños abortados

Señor Jesús, por medio de tu Madre bendita, te ofrezco todos mis pensamientos, palabras y obras de este día por todas las intenciones de tu Sagrado Corazón.

Especialmente, te ofrezco todos los actos de fe y de amor para obtener de tu Sagrado Corazón la gracia del bautismo para todos los niños inocentes, que serán asesinados hoy por el aborto.

Y, dado que sus propios padres y madres rechazarán su vida con violencia y rehúsan ser garantes de la fe de estos niños, te pido que me aceptes como padre y madre espiritual de estos niños.

Acéptame como garante del deseo de estos niños de estar contigo por siempre para que, habiendo sido asesinados cruelmente, ellos puedan ser admitidos a tu presencia como mártires inocentes y sean salvados por tu amor. Amén.

 

Oración por los abortos espontáneos

Señor Dios, confiamos a tu amor a este pequeñito, que ha dado alegría a sus padres por poco tiempo. Llévalo a la vida eterna.

Señor, tú has formado a este niño en el vientre materno. Tú lo has conocido por su nombre desde el principio del tiempo. Nosotros ahora deseamos ponerle el nombre de N., un nombre que guardaremos como un tesoro en nuestro corazón para siempre.

Oramos por estos padres, que están tristes por la pérdida de su hijo. Dales valor para soportar su pena y su dolor. Y que un día puedan encontrarse con su hijo en la alegría y en la paz de tu Reino. Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

 

Oración para poner nombre al hijo muerto

“Padre celestial, Padre bueno, gracias por habernos regalado a (decir nombre) como nuestro hijo, que estará contigo para siempre.

Perdónanos los errores que hemos cometido.

Te lo entregamos en tus brazos divinos por medio de María.

Jesús, divino Salvador, bautízalo en tu amor divino y gracias por haberlo salvado y habernos sanado y liberado de nuestra angustia y sentimiento de culpabilidad.

Gracias, Espíritu Santo, ven sobre todos nosotros y haznos con nuestro hijo, una familia unida en tu amor, en el tiempo y para la eternidad”. Amén.

 

Oración para poner nombre a los niños y encomendárselos a Dios

“Tú, Señor, autor y defensor de la vida, tú eres nuestra morada final.

Te encomendamos a este niño (decir nombre).

Confiando en tu misericordia y en tu amor paternal, te pedimos le concedas la eterna felicidad. Señor Dios, bondadoso y solícito, confiamos a tu amor este pequeño (N).

Acógelo en la vida eterna.

También te pedimos por sus padres, afligidos por la pérdida de su hijo.

Concédeles fortaleza y valor y ayúdalos en su pena para que puedan un día reunirse con su hijo en la paz de tu Reino.

Te lo pedimos por Cristo, Nuestro Señor. Amén”.

LAS CONSECUENCIAS DE NO BAUTIZARLOS

 

 

El Padre Ángel Peña cuenta que una señora le dijo:

“Padre, tengo a mi hijo de tres años que ve constantemente a un amiguito que juega con él. ¿Qué es? ¿Es un ángel?”.

Yo le pregunté: “¿Ha tenido alguna vez un aborto?”

Sí, me dijo.

Pues entonces, es posible que sea ese niño que se aparece a su hermanito, porque está buscando el amor de su familia.

De hecho, se dan algunos casos de niños pequeños que ven, lo que suele llamarse como “duendes”.

Otros niños pequeños, que se les aparecen durante años y, en algunos casos, hasta envejecen con ellos, como para dar a entender que son sus mismos hermanos.

 

María Simma dice que:

“a veces, los hermanos sienten la presencia de otro niño junto a ellos, aunque nada saben de aquel hermanito, nacido muerto o abortado”.

 

La escritora Linda Bird Francke en su libro “The ambivalence of Abortion” habla de un “pequeño fantasma” que se le aparece después de haber abortado:

“Ahora tengo este pequeño fantasma.

Un fantasma pequeñito que aparece únicamente, cuando estoy viendo algo hermoso, como la luna llena en el océano la semana pasada.

Y el bebé me saluda con las manos y yo lo saludo a él”.

 

El Doctor Philip Ney cuenta que

“un paciente reportó un sueño que había tenido a los siete años en el que tres gnomos (duendes) se fueron a jugar con él en un banco de arena.

Mientras jugaba, los bancos de arena se derrumbaron y, por consiguiente, sus tres gnomos (duendes) quedaron enterrados.

Él no pudo decirme quiénes eran ellos, pero sabía que eran sus hermanos.

Su madre admitió tres abortos tempranos, pero insistió en que su hijo no podía haberse enterado”.

 

LAS COMPROBACIONES DEL PSIQUIATRA DR. MCALL

El Dr. Kenneth McAll, un eminente cirujano y siquiatra inglés, dice que

“un niño que no ha sido aceptado con amor por su familia y consagrado a Dios, clamará por el amor y las oraciones de un miembro vivo de la familia, a menudo un gemelo, el próximo niño en la familia o la persona más sensible de la familia”.

“Como aquella niña que me confesó que había contemplado a su hermana crecer todo el tiempo, pero que nunca se había atrevido a hablar de ello”.

“He sido testigo de más de seiscientos casos de niños fallecidos que habían continuado creciendo al mismo ritmo que lo hubieran hecho de haber seguido con vida”.

Veamos algunos ejemplos:

 

Dos jóvenes de la India, de 17 y 24 años, oían voces por la noche, que decían: “Madre, ayúdame”.

Cada día, al despertar, iban a la cocina y encontraban la jarra de agua y otras cosas en medio del piso.

Su madre reconoció que había tenido dos gemelos, que habían nacido muertos y los había enterrado sin ninguna oración en el patio de su casa

Y por consejo del Dr. McAll, les pusieron un nombre y los encomendaron a Jesús y, a partir de ese día, no se oyeron más voces.

 

En un pequeño pueblo de Inglaterra, todos sabían que, en determinada casa, se aparecía con frecuencia por la noche el fantasma de un niño pequeño.

El Dr. McAll preguntó a los miembros de la familia y le dijeron que hacía 11 años había nacido muerto un niño.

Celebraron una misa por este niño y, durante la misa, el Dr. McAll vio en visión al niño, que estaba sonriendo y corría hacia Jesús que lo esperaba y lo estrechaba entre sus brazos.

A partir de ese día, no volvió a aparecerse más.

 

Una obstetra, que comenzaba su nuevo trabajo en un hospital, se dio con la sorpresa de que cada noche se despertaba y veía junto a ella la figura de un hombre que la miraba insistentemente.

Después de indagar, le dijeron que un médico se había suicidado en aquel lugar y que él había practicado muchos abortos.

Celebraron una misa por el médico suicida y también por los niños abortados.

Después de orar por estos niños abortados, la madre de la obstetra vio la habitación llena de niños sonriendo, que parecían muy felices, hasta que desaparecieron dentro de una luz que se alejó.

 

Pareciera que la oración, especialmente la misa, y la consagración de estos niños a Dios los hace ser felices y descansar en paz.

El Dr. McAll dice,

“Tengo registrados más de seiscientos casos de curaciones directas, producidas tras la celebración de una Eucaristía por fetos, víctimas de abortos, voluntarios o involuntarios, niños que nacieron muertos o fueron abandonados inmediatamente después de su nacimiento.

Los que nunca fueron debidamente amados o consagrados a Jesucristo en una ceremonia de entierro.

Cuando se ha celebrado una Eucaristía por esta clase de seres, los resultados son impresionantes.

Muchos han experimentado los beneficios del poder curativo que se generó.

Incluyendo pacientes que estaban participando en la Eucaristía.

Pero también otros que se encontraban a muchos kilómetros en hospitales e instituciones mentales y no sabían nada acerca de dichas ceremonias.

E incluso parientes, mentalmente perturbados, que vivían en países lejanos”.

Veamos algunos ejemplos:

“Joan llegó hasta mí a través de un doctor en medicina general.

Antes de mi primer encuentro con aquella niña de solo nueve años de edad, estudié atentamente las notas de su equipo de médicos y los informes de su profesora.

A los cinco años, el carácter abierto y alegre de Joan cambió de repente.

Empezó a resultar difícil de tratar y daba muestras de un comportamiento irracional, diagnosticándosele una epilepsia.

Su madre se quedó muy asustada y desconcertada.

En una carta me decía:

“Cuando Joan cae en uno de esos estados su rostro se descompone, parece tan lejos de ser ella que me da escalofríos”.

La profesora me escribió:

“Joan pierde fácilmente el control e incurre en estallidos emocionales. La presentación de las tareas escolares deja mucho que desear”.

Sus padres me dijeron que recientemente había empezado a correr delante de los coches, de modo que tenían que sujetarla con unas riendas para su propia seguridad.

Hablé con Joan, se sentó sobre mis rodillas y le pregunté cuántos hermanos tenía.

Su respuesta me sorprendió:

“Tengo tres hermanos y tres hermanas”.

Yo le dije que sólo tenía tres hermanos y dos hermanas.

Joan, entonces, se mostró extremadamente airada, saltó de mis rodillas y empezó a dar patadas y gritos:

“Tengo tres hermanas y no dos. ¿Ves esa mujer sentada ahí?”, gritó señalando a su madre.

“Es una asesina. Tiró a mi hermanita por el water (baño).

Mi hermana es mi amiga. La conozco, se llama Melissa.

Sus padres comenzaron a discutir y yo abracé a Joan y le dije: Oremos juntos a Jesucristo y pidámosle que cuide a Melissa”.

Y pronunciamos la siguiente oración:

“Jesucristo, Nuestro Señor, por favor cuida a Melissa y condúcela a tu Reino”.

Su madre me contó que antes que Joan naciera y debido a la equivocación de un médico, había sufrido un aborto involuntario.

A Joan nunca se le había mencionado el incidente y nadie conocía el nombre que la madre le hubiera gustado poner a la niña: Melissa…

Nada tiene de sorprendente que Joan supiera acerca de Melissa. De hecho, en mis ficheros, tengo alrededor de mil cuatrocientos casos parecidos.

Parecía evidente que aquella niña, que no había llegado a nacer y que, por tanto, no había sido consagrada a Jesucristo, era la causa de las dificultades de Joan y quizá de las migrañas que la madre sufría desde hacía años.

Celebramos una Eucaristía por Melissa y los resultados modificaron totalmente la vida de la familia.

Los estallidos emocionales de Joan, su comportamiento irracional y su incapacidad de concentrarse, desaparecieron de una vez por todas.

Las jaquecas de la madre pasaron a ser sólo un recuerdo”.

 

Veamos otros casos.

“Una mujer de 50 años estaba preocupada por el extraño comportamiento de su hijo.

Ella admitió que había tenido dos abortos durante su juventud.

Durante la misa por estos niños abortados, ella sintió una extraña sensación en su abdomen por tres veces.

Entonces, ella se acordó que había tenido también un niño que había nacido muerto y este tercero también fue incluido en la misa.

Desde ese momento, la conducta de su hijo fue normal”.

Un hombre profesional llevó a varios especialistas a su hija, porque era muy violenta.

La hija, de 26 años, había sido promiscua sexualmente con hombres, treinta años mayores que ella.

Buscando antecedentes, el Dr McAll encontró que su madre había tenido un aborto varios años antes de casarse con el padre de la joven.

El comportamiento de la madre antes de casarse, había sido parecido al de la hija.

Durante la misa por el aborto, el padre tuvo la visión interior de un niño y rezó por él. Los problemas de la hija desaparecieron a partir de ese día.

 

Veamos otro caso:

“El vicario de una iglesia local comprobó por sí mismo como una de las mujeres de su parroquia había logrado superar una enfermedad mental, aparentemente incurable.

Después de haber orado por uno de sus hijos que había abortado y de haberlo consagrado al Señor durante una Eucaristía.

Animado por esta experiencia, acudió a visitar a otra mujer llamada Mildred, de algo más de sesenta años.

Ella le contó algo que no había dicho a nadie en toda su vida. Cuando todavía era adolescente, tuvo un aborto.

El vicario le sugirió que celebrasen una ceremonia en la iglesia para consagrar a su hijo abortado a Dios y Mildred accedió.

Cuando terminó la ceremonia, habían desaparecido todos sus dolores y experimentó una sensación de liberación y alegría.

Parece ser que el niño no nacido había intentado atraer su atención mediante los dolores de estómago.

Era como si el propio niño se hubiera convertido en el dolor de estómago”.

 

Uno caso más

“Los gemelos o mellizos muestran una sensibilidad especial hacia su hermano o hermana muertos.

Durante la celebración de la Eucaristía, una madre me mencionó que una de sus hijas gemelas había fallecido en el momento del parto y que el hospital se había ocupado de enterrar sus restos.

Cuando rezamos por primera vez para contrarrestar los efectos negativos de este incidente, brotaron lágrimas de alegría en la gemela, que había logrado sobrevivir.

Me confesó que había “contemplado” a su hermana crecer todo el tiempo, pero que nunca se había atrevido a hablar de ello”.

Sigamos con otros ejemplos

Un hombre de veintiocho años se encontraba en la cárcel y había llevado un comportamiento anormal y antisocial.

Era un hijo adoptivo de una familia que lo había adoptado al perder a su propio hijo. Dice McAll:

“Durante la Eucaristía, aquellos padres, preocupados y angustiados, le dieron nombre al hijo que había fallecido en el momento del parto y, a través de sus oraciones lo consagraron a Jesucristo.

Inmediatamente después, el hijo que habían adoptado salió de la prisión, convertido en un hombre totalmente reformado y actualmente desempeña un empleo de gran responsabilidad”.

 

“Durante una celebración por un niño nacido prematuramente y que había sobrevivido sólo cuatro horas, su madre intentó darle gracias a Jesucristo por habérselo llevado con él.

Entonces, escuchó claramente:

“Al niño tienes que ponerle un nombre y demostrarle que goza del amor de su madre y luego consagrármelo a Mí”.

 

“Una mujer había ejercido la prostitución y, a consecuencia de ello, había padecido varios abortos tanto voluntarios como involuntarios.

Con gran respeto y cuidado, les puso nombre a todos, aceptó el perdón de Dios y continuó consagrándoselos al Señor todos los domingos, cada vez que iba a la iglesia.

A partir de entonces, se vio libre de la depresión que padecía”.

 

“Un matrimonio Lancaster vino a verme muy preocupado por tres de sus hijos.

La hija mayor era drogadicta, tenían otra anormalmente obesa y el hijo menor mostraba, desde los siete años, una incontenible afición a robar.

Elizabeth, la hija mayor, había nacido después de un aborto anterior; Evelyn, la hija obesa, tras un aborto involuntario, mientras que Charles, el hijo menor, lo adoptaron para reemplazar a uno que había muerto.

Dado que en ninguno de los tres casos se había celebrado una ceremonia de consagración al Señor, decidimos celebrar una Eucaristía por los tres casos, tras la cual toda la familia se sintió liberada.

Elizabeth no volvió a probar las drogas; Charles dejó de robar y el peso de Evelyn volvió a ser normal tan solo después de tres meses…”

 

El Dr. McAll, después de sus investigaciones siquiátricas en cientos de casos, afirma claramente que existe el limbo temporal, pues cree que solamente estos niños irán al cielo, directamente al morir, si han sido amados y han orado por ellos.

Ellos están esperando que les pongan un nombre, les hagan sentir amor y los consagren a Dios.

Mientras tanto, siguen esperando, como él dice, ese momento de amor y de consagración a Dios.

LA CONDENA DEL ABORTO EN LOS MENSAJES DEL CIELO

 

 

Veamos algunos mensajes que han recibido videntes condenando el aborto:

 

Mensaje a Amparo Cuevas en España, 3 de enero de 1987

“Las madres se han convertido en asesinas de sus propios hijos; ¿cómo no va a estar mi corazón triste hija mía?”

 

Mensaje a Pedro Regis, Brasil, 12 mayo 1987

“Hijos míos queridos, lloro por los pecados de cada uno de ustedes.

Lloro por los crímenes practicados por las madres que abortan a sus hijos.

Esto es un gran pecado.

¡Un hijo que no pidió de nacer y que después es asesinado por su propia madre, que cosa fea…!

¡El aborto es un crimen hijos míos, y esto me deja muy triste!”.

 

Mensaje a Julia Kim, Corea, junio de 1987

“Hija mía, mis lágrimas se deben a que la humanidad no ama a Dios como Él se lo merece, ni se aman las personas entre ellas.

También, por el terrible pecado del aborto, que mata una cantidad innumerable de bebés diariamente”.

 

Mensaje a Gladys Quiroga de Motta, Argentina, 13 de septiembre de 1988

“Hay actualmente, graves ofensas a Dios; los asesinatos, los abortos y toda clase de violencia, son formas de acometer contra el Señor”.

 

Mensaje a Mirjana Dragicevic, Medjugorje, junio de 1991

“La Santísima Virgen dijo que no hay pecado para Dios que no pueda ser perdonado.

Pero para el aborto hay que hacer penitencia toda la vida”.

 

Mensaje a Christina Gallagher, Irlanda, 28 de diciembre de 1992

“El aborto es el mayor pecado contra Dios”.

 

Mensaje a Agustín del Divino Corazón, Colombia, 9 de enero de 2010

“El pecado del aborto lacera mi Inmaculado Corazón y el Sagrado Corazón de Jesús.

Aborto que clama justicia por el cielo, porque son muchos los no nacidos que acojo en mi seno materno.

No nacidos que son mártires, aun estando, en el vientre de sus madres”. 

 

LA NECESIDAD DE BAUTIZARLOS PARA QUE VAYAN AL CIELO

La beata Ana Catalina Emmerick cuenta la historia real de una mujer que había matado al hombre que la había violado y también había matado al niño que había sido concebido.

“Al poco tiempo murió arrepentida también esta mujer, pero deberá pasar en expiación todos los años que la Providencia divina tenía destinados de vida a su hijo hasta que el niño, con el transcurrir del tiempo, haya alcanzado el momento de gozar de la luz eterna” (tomo 3 del 31-12-1820).

 

Veamos lo que Nuestra Madre la Virgen le decía al Padre Stefano Gobbi, fundador del Movimiento Sacerdotal Mariano, el 8 de setiembre de 1983:

“Estoy recogiendo de todas partes del mundo a mis niños más pequeños para reunirlos en mi escuadrón y depositarlos en lo profundo de mi Corazón Inmaculado.

Hijos predilectos, escuchen su voz que invoca su ayuda, corran a su encuentro, tómenlos en sus brazos y llévenlos todos a su Madre celestial.

Pequeños son para Mí todos los niños ya concebidos, cuyas vidas son voluntariamente destrozadas desde las entrañas de sus madres.

El amor y el ansia de su Madre celestial y de la Iglesia por su salvación, así como su sangre inocente derramada por los que desprecian y desobedecen la ley de Dios, es ya un bautismo de deseo y de sangre, que los salva a todos”.

Vemos aquí dos puntos fundamentales.

En primer lugar, que todos estos niños abortados y que, por tanto, mueren sin bautismo, son salvados por Dios.

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Segundo, habla del bautismo de sangre y bautismo de deseo.

Este bautismo de deseo es en virtud del amor y del deseo de la Virgen y de la Iglesia por su salvación.

No dice que se salven de inmediato después de su muerte.

Más bien, parece ser que deben esperar un tiempo, aunque sea corto, pues esperan que escuchemos su voz, que pide ayuda.

Dicho de otro modo, estos niños se salvan, pero estarían un tiempo en algún lugar, como puede ser el limbo, hasta que sean amados y ofrecidos a Dios en virtud de la comunión de los santos.

También hay místicos actuales que hablan del limbo temporal.

 

Mamma Natuzza Evolo, mística italiana, a quien los obispos napolitanos buscan beatificar, habla del limbo temporal:

“Padres y madres de familia, pensad bien en la educación de vuestros hijos, educadlos en la religión.

No rechacéis a los hijos (por el aborto), pues es un pecado grave.

Bautizadlos, porque los niños muertos sin bautismo van al limbo, donde se sufre solamente por la falta de la visión beatífica”.

 

Julia Kim, otra gran mística, de Korea del Sur.

Con frecuencia el Señor le ha hecho experimentar los dolores y agonías que sufren los niños durante el aborto.

El 5 de noviembre de 1986 la Virgen le dijo:

“Hija mía, ¿quieres participar en mis sufrimientos por los niños abortados?

A causa de los abortos sentirás intensos dolores en tu vientre.

Estos pequeños vagan por el limbo después de haber sido abortados, privados de su dignidad y tratados como un pedazo de carne…

Reza por ellos y calma sus heridas, y ofrece reparación por los pecados cometidos contra ellos”.

 

La mística austríaca María Simma, ha hablado muchas veces de la existencia del limbo.

“Todos los niños (pequeñitos) que mueren sin estar bautizados van al limbo.

Allí son felices y no tienen conocimiento de la posibilidad de ver a Dios.

Pero pueden ir al cielo, si nosotros oramos por ellos y les damos el bautismo por los no nacidos, del cual supongo que Ud. ha oído hablar”.

En una entrevista que Nicky Eltz publicó en su libro “Hacednos salir de aquí”, dice:

“Las almas santas me dicen que los niños nacidos muertos o abortados no van al paraíso ni al purgatorio.

Van a un lugar intermedio que se puede llamar limbo o ‘cielo infantil’.

Las almas de estos niños no saben que exista algo mejor que eso, no saben que no están en el cielo.

La responsabilidad de llevarlos al cielo está en nosotros.

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Lo podemos hacer, bautizándolos espiritualmente o mandando celebrar una misa por ellos”.

Y cuenta su experiencia personal:

“Conocí a una enfermera que trabajaba en un hospital.

Ella no dejaba de bautizar a los niños abortados o nacidos muertos.

Cuando estaba para morir, exclamó: Oh, he aquí todos mis niños en el cielo. ¡Cuántos niños!

Y aquellos niños, a quienes había bautizado después de muertos, la acompañaron al paraíso, donde ya vivían”.

Este ejemplo nos habla del agradecimiento de estos niños bautizados espiritualmente.

LOS QUE HAN VISTO A LOS BEBES ABORTADOS EN EL OTRO LADO

 

 

Y si hemos de creer las experiencias cercanas a la muerte, así como a aquellos que tienen visiones del otro plano de la vida la vida (por ejemplo, una mujer llamada Kat Kerr de Jacksonville, Florida), los bebés abortados tienen su propio reino en el cielo (no el “limbo”, del que la Iglesia ha prescindido).

Kerr dice que hay “nurseries” en el Cielo con techo abovedado que permite una iluminación en color melocotón para todos los bebés que son abortados o han sufrido abortos espontáneos.

“Ellos son recibidos por Jesús y cura las heridas de su corazón”, escribe (en Revelando el Cielo).

“Ellos son cuidados por seres angelicales que cantan para ellos, mientras los mecen en sus brazos. El soplo de Dios los alimenta a medida que crecen muy lentamente”.

Es un pensamiento agradable.

Cuando una mujer pierde un bebé, afirma Kerr, ella más tarde se encuentra con jóvenes y en algunos casos ayuda a criar al niño en el Cielo.

Hay, dice,

“una segunda oportunidad de tener a su hijo en los brazos y amarlo y criarlo como propio.

Muchos tienen la voluntad y puede experimentar la alegría de ver a su hijo (una vez destruido y ahora restaurado) crecer y convertirse en un feliz y completo ser.

Dios desea esta restauración en las familias”.

¿Puede haber realmente algo de cierto en eso? ¿Pájaros cantando a los bebés no nacidos? ¿”Camas” que salen de las paredes como hermosas conchas marinas?

¿O es sólo una imaginación lúcida? Para nuestro discernimiento.

“Habrá muchas mujeres sorprendidas, que no sabían que habían abortado un bebé, porque fue muy temprano en el embarazo”.

Pero nada de esto debería minimizar la gravedad del aborto – uno de los grandes pecados de la historia.

Sabemos de una mujer de Pittsburgh que fue cegada por un terrible accidente con un camión y después de su conversión cree que el accidente se debió a un aborto que había tenido; una oportunidad, a través del sufrimiento, para purgar el pecado en la tierra.

Sabemos de otros casos de enfermedad muy grave, como un caso de un hombre que había estado involucrado en abortos y pidió hacer su purgatorio (después de su conversión) en la tierra.

Él sufrió la enfermedad tras la enfermedad, una más difícil que el anterior. Sin dar importancia a ello.

Para algunas, puede ser el sufrimiento psicológico; pueden purgarlo estar llevando un cartel fuera de las clínicas.

Para otras, puede ser la oscuridad después de la muerte.

El aborto es matar un ser vivo.

Pero Dios es un Dios de la Misericordia, por encima de todo.

“La elección de abortar un niño tiene consecuencias en la vida y en la eternidad”, dijo otro que vislumbró el más allá.

“Mientras que por otro lado, me mostró los espíritus que habían habitado los cuerpos de los fetos, después de que sus madres les abortaron.

Estos espíritus que habían sido abortados, como seres en toda regla, eran capaces de razonar y madurar las emociones.

Ellos entendían el escaso conocimiento de sus madres mortales y estaban llenos de compasión por ellas.

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Aunque les habían quitado la oportunidad de venir a la tierra, amaban a sus madres.

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Pero también lamentaban por su madre, que – en la ignorancia – había destruido su oportunidad de venir a la tierra”

 

HISTORIA DE UN BEBE  Y LA CARTA ENVIADA A SU MADRE LUEGO DE SER ABORTADO

MI VIDA

5 de octubre: Hoy, mi vida comenzó. Mis padres no lo saben todavía, pero estoy aquí. Soy una chica, voy a tener el pelo rubio y ojos azules. Todas las huellas de mi genética están presentes, además de que voy a tener una debilidad por las flores.

19 de octubre: Algunos dicen que ni siquiera soy una persona real aún, y que sólo mi madre v. Pero yo soy una persona real, al igual que una migaja de pan es el pan. Mi madre existe, y yo también.

23 de octubre: Ahora mi boca se abre. En un año voy a ser capaz de reír y de hablar. Yo sé cuál será mi primera palabra: mamá.

25 de octubre: Hoy, mi corazón empezó a latir. A partir de ahora va a latir por el resto de mi vida sin detenerse a tomar un descanso. Sólo después de muchos años va a dejar de latir y moriré.

2 de noviembre: Todos los días crezco más. Mis brazos y mis piernas se están formando, pero demorará tiempo hasta que pueda permanecer en esas diminutas piernas y correr a los brazos de mi madre, y hasta que pueda recoger flores con los pequeños brazos y abrazar a mi padre.

12 de noviembre: Mis deditos están empezando a crecer en mis manos. ¡Qué pequeños que son aún! Un día voy a ser capaz de acariciar el cabello de mi madre.

20 de noviembre: Hoy mismo el médico le dijo a mi madre que yo vivo por debajo de su corazón. ¡Oh, qué feliz que debe estar¡. ¿Eres feliz mamá?

25 de noviembre: Mamá y papá están probablemente tratando de encontrar un nombre para mí. Pero ellos no saben que soy una niña. Me encantaría ser llamada Susie. ¡Vaya, ya he crecido tanto!

10 de diciembre: Mi pelo está comenzando a crecer. Es suave y con un hermoso brillo. Me pregunto qué tipo de cabello tiene mamá.

13 de diciembre: Pronto voy a ser capaz de ver. Está oscuro a mi alrededor. Cuando mamá da a luz me voy a ver el sol y las flores. Pero lo mejor será ver a mi mamá. Me pregunto cómo te ves.

24 de diciembre: Me pregunto si mamá escucha los susurros de mi corazón. Algunos niños nacen enfermos. Pero mi corazón es fuerte y saludable. Late de manera uniforme: bum-bum, bum-bum. ¡Mamá, tendrás una pequeña hija saludable!

28 de diciembre: Hoy mi madre me mató. Ella simplemente me mató.

 

MI CARTA A MAMÁ 

Querida mamá,

Estoy en el cielo ahora, sentada en el regazo de Jesús. Él me ama y está cerca de mí.

Me hubiera encantado ser tu niña y no entiendo muy bien lo que ha sucedido.

Yo estaba tan emocionada de saber de que había comenzado a ser.

Estaba en un lugar oscuro, pero acogedor.

Me di cuenta de que tenía manos y pies.

Estaba bastante desarrollada, aunque no del todo lista para salir de ese lugar acogedor.

Desde el principio me sentí muy conectada con ustedes …. A veces te oí llorar y lloré contigo.

A veces gritaste muy fuerte y luego lloraste. Y oí cómo papá te gritó a ti.

Yo estaba muy triste y esperaba que te sintieras mejor pronto.

Siempre me pregunté por qué llorabas tanto.

Un día lloraste durante todo el día. Mi alma sufrió mucho.

No me podía imaginar que fuera yo quien te hizo tan infeliz.

Fue este mismo día en que sucedió algo terrible.

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Una especie de monstruo llegó a este lugar cálido y acogedor en que he vivido.

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Me quedé petrificada y empecé a gritar, pero ningún sonido salió de mi boca.

El monstruo se fue acercando y yo gritaba: “¡Mamá, mamá, ayúdame, por favor, ayúdame!”.

Sentía un miedo horrible. Grité y grité hasta que ya no pude gritar más.

Entonces el monstruo arrancó mi brazo. Me dolió mucho, un dolor insoportable.

Y no se detendría. Oh, le rogué y supliqué que se detuviera.

Yo gritaba del horrible dolor cuando ese monstruo me arrancó la pierna. A pesar del dolor inexplicable sabía que estaba muriendo.

Yo sabía que nunca volvería a ver tu cara o saber de ti lo mucho que me amabas.

Yo quería parar todas tus lágrimas, y tenía muchos planes para hacerte feliz; ahora no puedo seguir con esto, mis sueños se hicieron añicos.

A pesar de que sentía un dolor inconcebible y un miedo terrible, sentí que mi corazón se rompía.

Más que nada yo quería ser tu hija.

¡Pero todo fue en vano porque morí de una muerte horrible!

Yo sólo podía adivinar lo que te hicieron. Antes de irme quise decirte lo mucho que te amaba, pero yo no sabía las palabras que tú podrías entender.

Y al poco tiempo yo no tenía el aliento para decirlas. ¡Yo estaba muerta!

Sentí cómo me levantaban. Fui llevada por un ángel gigante a un lugar grande, glorioso.

Yo todavía gritaba, pero el dolor físico había desaparecido.

Un ángel me llevó a Jesús y me sentó en su regazo.

Jesús me dijo que me amaba y que Dios es mi Padre. Yo estaba feliz.

Le pregunté qué era esta cosa que me mató.

Y él respondió: “Fue el abortista.”

Entonces me dijo: “Lo siento mucho, mi niña, yo sé lo que se siente.”

Te escribo para decirte que te amo, y lo mucho que me hubiera gustado ser tu pequeña niña.

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He hecho todo lo que pude para poder para vivir.

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Yo quería vivir. Yo tuve la voluntad, pero no pude.

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El monstruo era demasiado fuerte. Fue imposible vivir.

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Sólo quería que supieras que he tratado de estar contigo.

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¡Yo no quería morir!

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Así que, mamá, por favor, mantente alejada de ese monstruo llamado aborto.

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Mami, Te amo y no quiero que vayas al infierno por lo que ha pasado.

¡Por favor cuídate!

¡Te amo!,

Tu bebé.

CARTA A UNA MUJER QUE TUVO UN ABORTO

 

Primero que todo siento mucho lo que te ocurrió cuando rechazaste el regalo de la vida cometiendo el pecado del aborto, así que me uno a tu dolor y rezo por tu perdón y por el proceso de tu sanación espiritual.

Lo que ya se hizo no tiene remedio, pero afortunadamente Dios es misericordioso y nos perdona para que podamos rehacer nuestras vidas.

Para experimentar el perdón total de tu pecado, lo debes confesar a un sacerdote y si es necesario reconfesarlo con dolor de haber ofendido a Dios quien es el Autor de la vida.

Errar es humano, perdonar es divino. Dios te ha perdonado, con la muerte de su Hijo Jesus en la cruz, también tu hijo, pues el o ella se encuentra el la paz de Dios. Ahora tienes que completar el proceso de sanación perdonándote a ti misma.

Todos somos pecadores y Jesús rechazo a la multitud que quería apedrear a la mujer adúltera diciéndoles, "el que esté libre de pecado que tire la primera piedra." También dice el Señor, no juzguéis y no seréis juzgados. Dios te ha perdonado, ahora pues, no continúes juzgándote y condenándote por el pecado que Dios ya te perdonó.

Te sugiero que le reces a la Virgen de Guadalupe ya que ella es la Patrona de los bebes en los vientres de sus madres. Ella te ayudará a encontrar paz. Bendice a tu hijo y bautízalo espiritualmente con tu fe en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Nunca desconfíes de la Misericordia de Dios. Dios nos ama. Que el Señor te bendiga, te guarde y te de la paz y el coraje para seguir adelante.

 

 

En cuanto a perdonarte a ti misma, debes hacer ejercicios mentales o afirmaciones en las cuales tu hablas contigo misma diciendo por ejemplo:

 

He pecado y lo que hice no está bien. Sin embargo Dios es todo amor y misericordia, con su muerte en la cruz ha perdonado todo mi pecado. Estoy en paz con Dios y ahora quiero estar en paz conmigo misma.

Dios ha dicho perdonad y seréis perdonados, así que en el nombre de Jesús me perdono a mi misma. Y como el niño que cae para aprender a pararse y sostenerse, yo también caí y he aprendido de mi caída. Ahora reconozco la maldad del pecado y respeto mas a Dios. Esta caída me sirve para empezar una nueva vida con mas santo temor de Dios y con mas aprecio por la vida. Esta caída me sirve para rezar por otras mujeres para que no caigan en la misma trampa, me sirve para aconsejar a todas las que el Señor me presente y prevenirlas de este daño a sus vidas. También me sirve para ayudar a otras mujeres que se encuentran en el dolor de haber sufrido el trauma del aborto y sus consecuencias morales y espirituales.

Gracias a Dios por el regalo del perdón. Gracias a Dios por sanarme y limpiarme con su preciosa sangre. Bendito sea el Señor.

 

El papa Francisco dispuso que los sacerdotes tendrán la "facultad de absolver" a quien haya cometido el "pecado grave" del aborto, decisión dada a conocer este luines en un documento dedicado a trazar un balance del Jubileo Extraordinario de la Misericordia que terminó el domingo.

"Para que ningún obstáculo se interponga entre la petición de reconciliación y el perdón de Dios, de ahora en adelante concedo a todos los sacerdotes, en razón de su ministerio, la facultad de absolver a quienes hayan procurado el pecado de aborto", dispuso el Obispo de Roma en la carta apostólica "Misericordia et Misera", divulgada este lunes por la Santa Sede.

"Cuanto había concedido de modo limitado para el período jubilar, lo extiendo ahora en el tiempo, no obstante cualquier cosa en contrario. Quiero enfatizar con todas mis fuerzas que el aborto es un pecado grave, porque pone fin a una vida humana inocente", agregó el Pontífice, en referencia a una normativa similar que había establecido para el Año Santo iniciado el 8 de diciembre y culminado ayer con una multitudinaria ceremonia en Plaza San Pedro.

"Con la misma fuerza, sin embargo, puedo y debo afirmar que no existe ningún pecado que la misericordia de Dios no pueda alcanzar y destruir, allí donde encuentra un corazón arrepentido que pide reconciliarse con el Padre", reforzó el Pontífice.

"Por tanto, que cada sacerdote sea guía, apoyo y alivio a la hora de acompañar a los penitentes en este camino de reconciliación especial", agregó en referencia a lo que en una entrevista divulgada ayer por el canal católico Tv2000 había definido como "horrendo crimen" que es el "grave pecado" del aborto.

"Termina el Jubileo y se cierra la Puerta Santa. Pero la puerta de la misericordia de nuestro corazón permanece siempre abierta, de par en par", agregó el sucesor de Pedro en la carta apostólica en la que sentencia que "la misericordia no puede ser un paréntesis en la vida de la Iglesia, sino que constituye su misma existencia, que manifiesta y hace tangible la verdad profunda del Evangelio".

En total, según anunció este lunes el responsable del Jubileo Rino Fisichella en conferencia de prensa al presentar "Misericordia et Misera", participaron del Año Santo en Roma 21.292.926 personas de 156 países y "entre 900 y 950 millones de fieles en todo el mundo".

Hasta ahora la facultad del perdón al pecado del aborto, que incluye a todos los involucrados, incluidos médicos, que lo practican, estaba reservado sólo a los Obispos.

En el documento firmado el domingo, el Papa dispuso además que "como otro signo concreto de este Año Santo extraordinario, se debe celebrar en toda la Iglesia, en el XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario, la Jornada Mundial de los Pobres".

Esta jornada, basada en el Jubileo de las personas socialmente excluidas que encabezó en el Vaticano a mediados de noviembre, explicó Francisco, "constituirá también una genuina forma de nueva evangelización, con la que se renueve el rostro de la iglesia en su acción perenne de conversión pastoral, para ser testimonio de la misericordia".

La absolución del pecado de aborto

 

Hablo desde mi propia experiencia como sacerdote. En treinta y siete años de ministerio son muchas las mujeres - y también muchos de sus cómplices - las que han venido a buscar mi ayuda, a confesarse y a pedirme la absolución de sus pecados de aborto. Durante casi todo mi ministerio sacerdotal he tenido la delegación episcopal para absolver de este pecado, reservado por el Derecho Canónico. Y creo que he observado cuidadosamente las orientaciones que me da la Iglesia para ejercer el ministerio en este campo particularmente difícil.

Pero sólo fue hace algún tiempo cuando descubrí que tenía que hacer más. Y no sabía cómo hacerlo. No tenía muchos recursos para desempeñarme, carecía de los conocimientos y de las claves. Pero comencé a aprender. Algo he aprendido y continúo aprendiendo. Porque en este terreno todos somos aprendices.

Fue precisamente cuando un día llegó a mi oficina una joven, a quien llamaré Lucía, conocida por mi amistad con su familia, y a quien consideraba y trataba como amiga. Me preguntó que si podía y quería dedicarle un buen rato, porque quería hablar conmigo algo muy personal. Le dije que sí, que la escuchaba. Se produjo un silencio, para mí largo e incómodo. E inesperado. Porque ella era muy extrovertida y me trataba con mucha confianza. Por la expresión de su rostro me di cuenta que las palabras no salían de su garganta. Que tenía como un nudo que no lograba soltar.

Después de unos interminables minutos me preguntó si me imaginaba de qué me iba a hablar. Yo le dije que me imaginaba que se trataba de su noviazgo y sus cuitas amorosas, como en otras oportunidades. Ella me dijo que no era de eso y que llevaba tres años esperando este momento. Pero que no lograba decidirse a hacerlo y que hoy era el día.

Hacía cinco años ella había quedado embarazada como resultado de una aventura con un joven que yo conocía. Al darse cuenta de su estado, le hizo saber a él que estaba esperando. De inmediato su novio le dijo que quién sabe de quién sería ese hijo, porque de él no era, que lo mejor era que abortara. Que él no podía asumir responsabilidades con ella. Lucía tenía pánico de enterar a sus padres, por la severidad de su papá y la frágil salud emocional de su mamá. Se sentía sola y vivía en el silencio su tragedia. Sintió hasta deseos de no seguir viviendo. Se atrevió a comentarle el asunto a una tía suya. Y ella de inmediato la convenció de que abortara.

Por ese tiempo Lucía tenía 24 años y había abandonado toda práctica religiosa. Era respetuosa con la orientación espiritual de los suyos. Pero ella misma había borrado a Dios de su vida.

En el momento de realizarse el aborto Lucía estaba convencida de que había tomado una decisión correcta, más aún, pensaba que no tenía ninguna otra opción. Y durante mucho tiempo no hizo otra cosa que repetirse a sí misma que no tenía por qué preocuparse, que no se trataba de una vida humana, que era sólo un puñado de células, casi como un quiste, lo que le habían extraído de la matriz.

Pero, sin embargo, los días siguientes al aborto no se acabaron las pesadillas. En medio de su sueño perturbado oía niños que lloraban, se miraba a sí misma como un criminal que no merecía respeto ni merecía vivir. En sus largas y dolorosas vigilias se decía a sí misma que esto no podría haberle pasado a ella, que no era más que una horrible pesadilla. Pero al salir el sol la luz no disipaba los horrores de su espíritu. Estaba al borde de la desesperación. Y todo esto lo sufría sola.

Se volvió a Dios, pero siempre tenía miedo de que El no la perdonara. Acudió al sacramento de la penitencia y confesó su pecado. Estaba arrepentida. El sacerdote que la escuchó en confesión le aseguró que el perdón que la Iglesia le otorgaba por su ministerio era el perdón que Dios le ofrecía. Muchas veces más siguió confesando su pecado, pero no llegaba la paz a su alma. Su alma estaba herida.

Tenía una gran herida en el alma y no había encontrado algo que la sanara

Sin que nadie se enterara, acudió a varios sicólogos clínicos que trataron de ayudarle a elaborar su duelo. Pero el recurso que estos profesionales le aplicaron era como una especie de anestesia cuyo efecto duraba poco o ni siquiera obraba. Tenía una gran herida en el alma y no había encontrado algo que la sanara. Hacía lo posible por mantener compostura frente a los suyos y frente a sus amistades. Pero se había tornado distante y melancólica. Su madre pensaba que todo esto se debía a que no había sido afortunada en el amor.

Lucía estaba perdonada por Dios. Y por años había venido expiando su pecado. Ella lo sabía. Era una idea clara en su cerebro, pero no era una convicción que hubiera entrado en su corazón.

Ese día vi claro que Lucía la pecadora era también otra víctima del aborto. A veces olvidamos eso y descargamos sobre la mujer todo el peso de la responsabilidad de este horrible crimen. Cuando sabemos que a su alrededor están otros que también son responsables, y quizás más que ella. Y son responsables por acción o por omisión, pero no se sienten culpables, porque parece que se exige de la mujer abortadora que cargue ella sola con todo el peso de la culpa y de la responsabilidad, cuando los otros corresponsables se lavan las manos como Pilato.

Lucía era otra víctima de su aborto.

Su alma estaba medio muerta y su corazón medio paralizado porque estaba herido. Ese día ella me dejó ver las hondas heridas no cicatrizadas que seguían sangrando después de años. La Iglesia le había ofrecido el perdón de Dios, pero ella continuaba sin sanarse y sin perdonarse a sí misma.

Acompañé a Lucía en ese largo proceso de sanación, pero no como un carismático sanador que tuviera habilidades para orientar el proceso de sanación, sino como un testigo y como un aprendiz. Como testigo vi que cuando las fuerzas humanas y los recursos de la ciencia tocan sus propios bordes y no pueden ir lejos, la gracia del Señor realiza prodigios. Y como aprendiz pude aprender muchas cosas que después me han servido para seguir siendo testigo y seguir siendo aprendiz acompañando a otras jóvenes que han venido en busca de mi ayuda.

Quiero repetir, para dejar en claro, que no soy ni me considero un experto. Y esto lo afirmo no por modestia sino por realismo. Hasta el momento no conozco ningún experto en este campo. No niego que los pueda haber. Pero no los conozco. Si los conociera estaría tranquilo para remitirle los casos que me lleguen.

¿Qué aprendí con Lucía?

1. Que ante todo tengo que estar disponible para acoger a estas personas. Lo más cómodo para mí y también lo más acertado sería remitir estos casos a un profesional en quien se pueda confiar desde el punto de vista profesional y ético. Pero el hecho es que ella está allí y yo también. Por alguna razón me buscó y me está pidiendo ayuda. No puedo volver las espaldas a una mujer que está herida. No puedo pasar de largo como el levita que iba de Jerusalén a Jericó. El samaritano humanitario es un ejemplo que me reta como sacerdote.

2. He aprendido que lo que estas mujeres requieren es nuestra escucha y no nuestras fórmulas salvadoras. Lo que necesita esa mujer que nos busca es alguien que le escuche los crueles detalles de su historia. Alguien que no la condene y que le dé una palabra de esperanza. Tal vez, como ocurrió con Lucía, es la primera vez que se atreve a dejar asomar la realidad dolorosa de su alma. Y mientras uno la escucha, puede uno observar que ella se está escuchando a sí misma decir cosas que nunca había dicho a nadie antes. Habla de su experiencia con su novio, cuando le contaba que estaba embarazada, quién pagó por el aborto, dónde ocurrió, qué sintió y cómo está viviendo su experiencia. Y creo que una de las claves más importantes para prevenir el embarazo indeseado (pero sí buscado) y el aborto es aprender a enfrentar el trauma post-aborto. Y esto sólo se logra escuchando de primera mano las crueles realidades que rodean al aborto.

3. He aprendido que estas mujeres no buscan racionalizaciones que les anestesien el alma por un momento, porque la anestesia dura poco o no obra en nada. Ella no necesita que le digan que "eso" no era un sér humano, sino sólo un puñado de células, como un quiste menudo, y que por tanto no vale la pena inquietarse por eso. Y ella misma ya ha tratado de administrarse unas dosis de anestesia. El resultado de estos procedimientos para "desculpabilizar" es con frecuencia pasajero o, lo que es peor, producen una insensibilización ética que se extiende como una mancha de aceite y les cubre otros sectores de la vida. Ellas necesitan que les ayuden a abrir una brecha por la cual dejar asomar el alma y escaparse así de su negación.

De ordinario el aborto es un acontecimiento muy personal y privado.

Por eso es posible que la mujer no llegue nunca a expresar el duelo que la atormenta. Su sufrimiento puede llegar a interiorizarse y expresarse en otras formas. Si no se le da el tiempo y se le ofrece la oportunidad para que exprese el duelo, es posible que este nunca se resuelva y se enquiste y continúe manifestándose en formas cada vez más patológicas. Necesita que la dejen expresar la tristeza de su duelo. Nadie se lo ha favorecido hasta ahora. Llora en secreto por la pérdida de un sér que estaba muy cercano a ella y que tal vez sólo ahora toma conciencia de lo que ese pequeño sér significaba para ella en las más profundas capas de su alma.

El duelo es una reacción emocional muy compleja que afecta a la persona muchas veces en su vida. El duelo no puede evitarse; pero debe ser aceptado, enfrentado y resuelto para volver a funcionar adecuadamente en la vida, luégo de un período en que se permite a la mujer dejar ver su tristeza, o que ella misma se lo haya permitido.

4. He aprendido a preguntar, pero no tanto para coleccionar información sino para ayudarle a la mujer a comprenderse mejor a sí misma, para que logre dejar salir su dolor y la vergüenza que lleva reprimida. Tal vez por primera vez ella puede abrirse y compartir sobre su aborto y una pregunta oportuna y delicada abre la brecha para que ella pueda hablar. Escuchar no es sólo una actitud pasiva y paciente. Es también interés y esto se puede demostrar cuando hacemos preguntas adecuadas.

5. He aprendido que acompañar significa asumir el tiempo y el ritmo vital de estas mujeres cuyo proceso puede ser largo y difícil. Porque es complejo. Y lo que por naturaleza es complejo no se puede simplificar arbitrariamente.

6. También he aprendido que en el manejo del trauma post-aborto la mujer debe enfrentar cinco sectores relacionales en los cuales debe desplegar su capacidad de comprensión, de perdón y descargarse de los odios reprimidos. Estos sectores son: Dios, la Iglesia u otra comunidad de apoyo, los otros (médico, padres, novio o marido, consejeros y cualesquiera que la hubieran animado al aborto), el bebé muerto y ella misma.

Ante todo Dios.

No sé si se pueda dar el proceso de sanación del aborto sin tocar la relación con Dios. Honestamente creo que no. Lo que sé es que en estas circunstancias la mujer lucha por relacionarse con Dios a medida que la experiencia del aborto le pesa más. Se da cuenta de que necesita de alguien que la salve, porque ella no puede salvarse a sí misma. Es frecuente que la experiencia del aborto sirva como punto de partida para una nueva experiencia de Dios.

Esta experiencia al principio es dolorosa porque está marcada por la ambivalencia: busca al Dios Padre que perdona, pero su mente sólo le entrega la imagen del Dios vengador que le cobra la vida destruída. Se pasa fácilmente de la esperanza a la duda y de la duda a la desesperanza. Y vienen los reclamos a Dios, a quien se le culpa porque ocurrió el embarazo. Una joven me decía: "Mi hermana lleva ocho años buscando el embarazo y en cambio yo quedé embarazada muy fácilmente. Por qué no le daría Dios ese bebé a mi hermana, que sí lo quería?".

Un dolor sin esperanza desemboca en una cruel y a veces fatal desesperación. "Dios sí me perdonará?". "Yo quisiera escuchar una palabra de perdón de parte de El para seguir viviendo". En cambio cuando brilla una luz de esperanza, de esa esperanza que sólo puede darnos la fe, entonces la vida vuelve a tener sentido. La reconciliación con Dios comienza cuando, abandonando el falso camino de la negación de los hechos, reconocemos que hicimos algo que contraría el plan de Dios y decidimos corregir nuestro rumbo.

La Iglesia o la comunidad de pertenencia.

El aborto es un crimen contra los seres humanos, contra la familia humana a la cual pertenecemos. La Iglesia Católica posee una reconciliación sacramental formal. No es necesario que ella publique su pecado. Pero sí conviene que ante alguien que tenga autoridad moral e institucional reconozca su falta y se reconcilie con esa comunidad humana.

Otros. En primer lugar los padres.

Muchas veces ellos, aún sin proponérselo, por acción o por omisión, son factores decisivos en la comisión del aborto. Yo sé muy bien que esto deja en el alma de la mujer una herida muy difícil de sanar y que persiste por mucho tiempo.

Luego está el corresponsable del embarazo: novio, amigo, lo que sea. Cada caso es una historia. Se largó, quiso casarse y de pronto hasta lo hizo, empujó al aborto o se mantuvo neutral. Esta herida en la mujer dura por años y con frecuencia evoluciona muy mal en las parejas casadas. Si no trabajan este punto y lo llevan hasta el perdón y la reconciliación. Consejeros, amigos, parientes, el que la acompañó a la clínica, quien la animaba a abortar. "Si estas personas realmente se preocupaban por mí, por qué no me detuvieron?".

El hijo abortado.

Son muchas las preguntas que están en la mente de la mujer que abortó y deben tenerse en cuenta: "Dónde estará mi hijo? Será que me ama aún después de lo que le hice?". Las respuestas dependen de nuestra formación religiosa. Una respuesta es que el niño es feliz en el cielo, que no sufre, y que un día se reunirá con ella.

Aunque manejemos estos temas, tenemos que dejarla expresar sus fantasías. Ella siempre quiere decir a su bebé: "Yo quisiera no haberlo hecho. Puedes amarme todavía?". Pero ella necesita poderlo compartir también con alguien. Me he dado cuenta de que, cuando estas mujeres hacen algo por un niño que no es suyo, comienzan a sentir que están redimiendo su pasado y que lo que ellas hagan en este sentido, en nombre del bebé abortado, tiene cierto poder para exorcizar su angustia.

Perdonarse a sí misma. 

Es el punto más difícil en todo este proceso de sanación. Es frecuente que la mujer se eche encima toda la culpa, inclusive la de los otros. Entre negar la culpa que se tiene y echarse toda la culpa hay un término medio que no siempre es fácil de lograr. Pero hay que hacerlo. Quisiera conocer un método para lograrlo. Pero no lo conozco. Sólo sé que es la oración la que abre el camino, o un testimonio de fe lo que nos ayuda a saltar la valla y perdonarnos a nosotros mismos. Pero no tengo las claves para esto. Sólo sé que ha ocurrido y que es un paso importante que la mujer tiene que dar.

A veces es sólo cuando la mujer llega a convencerse de que Dios sí nos ha perdonado y el apoyo de otras personas cuando comienza a verse a sí misma desde otro ángulo, como hija de Dios a quien el Señor ama y comprende, cuando mejoran su autoimagen y su autoestima.

Los pasos hacia el perdón y la sanación.

Entre las muchas cosas que he leído sobre el tema, llegó a mis manos un artículo escrito por una mujer que firma bajo el seudónimo de Loraine Alison y que fue publicado en la revista americana Marriage & Family (Enero 1990 - pgs.7-9). La autora, una mujer casada, describe minuciosamente su experiencia del aborto provocado, así como el proceso de sanación. El título del artículo es de por sí ya muy sugestivo: "Hay derecho a vivir después de cometer un aborto?". Y luégo el subtítulo nos entrega una clave muy valiosa: "El deseo de ser perdonada y de sanarse emocionalmente es el punto de partida".

Para mí constituye un aporte muy valioso, que ilumina mucho este difícil proceso. Lo traduje al español y copias del mismo se las he dado a muchas mujeres que se debaten en la lucha para lograr su sanación espiritual.

Quiero destacar lo que me parece más importante: los pasos del proceso de sanación. La sanación es un resultado que no se puede manipular a voluntad. Sólo se pueden poner circunstancias favorables para que éste opere. Y considero que conocer los pasos puede ayudar.

Ante todo, ella es testigo de primera mano de su propia historia. Y por eso afirma:

"Puede una mujer experimentar el perdón y la sanación después de un aborto?" 

Por mi propia experiencia yo sé que esto es posible si hay un deseo sincero de ser perdonada y sanada emocionalmente. No se trata de un procedimiento fácil o instantáneo, pero lo puede lograr quienquiera que busque verdaderamente la misericordia de Dios. El mismo procedimiento puede aplicarse a todos aquellos que estuvieron implicados indirectamente en el hecho del aborto: esposo, novio, padres, profesionales, médicos y psicólogos, a todos los que se hallan afligidos y sufren las heridas consecuentes de un aborto provocado. Aquí resumo brevemente los pasos que fueron necesarios para mí y para otras mujeres que fueron víctimas de esta tragedia" (los párrafos que siguen son textuales de la autora).

1. Experimentar el proceso de duelo.

El duelo es un sentimiento sano. Es un momento triste e incómodo pero hay que vivirlo necesariamente. Al involucrarme activamente en estos programas de recuperación, he aprendido que el camino hacia reintegración de la persona es muy arduo. La cólera, la incapacidad para perdonar a todos los que directa o indirectamente se implicaron en el aborto, la culpabilidad, la tristeza indecible por la destrucción del bebé, se entrelazan en la experiencia. Pero uno debe llegar a sobreponerse a estos sentimientos y reconocer el duelo como parte del proceso que conduce a la sanación.

2. Deseo de perdonarse uno a sí mismo.

El perdón de sí mismo es quizá la fase más difícil de todo este recorrido. Uno ha reducido a añicos su propia imagen, creyendo haber cometido el más detestable de los pecados. Muchas de nosotras sentimos la necesidad de castigarnos a nosotras mismas a consecuencia del aborto cometido. Con frecuencia muchas lo hacemos inconscientemente; porque no podemos perdonarnos, sentimos que se ahonda en nosotras la necesidad de autodestruírnos. Al experimentar personalmente el amor de Dios y su perdón, he descubierto que Dios no es el Juez iracundo que yo veía en El cuando era niña, sino que es un Dios que quiere que yo esté en paz y que se acabe mi propio silencioso sufrimiento. Dios sabía que, como seres humanos que somos, íbamos a cometer el pecado, pero Dios, como padre amoroso que es, está dispuesto al perdón. Si nos proponemos reflexionar detenidamente en ese amor que El nos tiene poco a poco encontraremos la fuerza que necesitamos para perdonarnos a nosotros mismos.

Durante el embarazo nuestro pensamiento se halla obnubilado por el dolor y el pesar. Con esta torcida manera de pensar tomamos esa terrible decisión: aborto. Ponemos por obra la decisión y aquí ya no es posible volver atrás. Para nada nos sirve pasarnos el resto de la vida odiándonos a nosotras mismas y cargando nuestras miserias. Pero buscar el perdón, experimentarlo y permitirle a Dios que nos sane, puede dar otra vez sentido a nuestra vida y comunicarnos la capacidad de vibrar ante el sufrimiento que otros padecen - o pueden padecer - como hemos sufrido nosotras mismas. Cumplimos así el mandamiento de "amarnos unos a otros" cuando compartimos nuestras experiencias de perdón y de sanación con aquellas que no las han vivido todavía.

3. Aceptar que uno sí cometió un pecado. 

Cuando por fin uno ha llegado a perdonarse a sí mismo, ya ha superado un gran obstáculo. Confiando que hemos sido perdonados, buscamos que se termine el sufrimiento y el dolor que nos hemos infligido nosotros mismos y comenzamos a caminar hacia la sanación. Admitimos nuestro pecado y nos responsabilizamos de la acción que hemos cometido. Al declararnos autores de nuestro pecado, podremos experimentar una gran sensación de alivio, larga mente esperada. "En verdad lo hice. No puedo deshacer lo que hice pero espero ser perdonada". Háblele a Dios; El comprende y reconoce el verdadero arrepentimiento. Si no tiene una oración propia suya, le ofrezco ésta que yo empleé:

"Padre Celestial, vengo ahora a confesarte el pecado de aborto que he cometido. Por mis propias acciones he traído el tormento y la muerte a mi hijo y mucha tribulación a mí misma. Te ruego, Señor, me perdones. Al reconocer que por mi propia voluntad he destruído mucho en mi propia vida, te pido tu ayuda para vivir de acuerdo con el plan que tienes para mí. Como tu hija que soy, te pido que sanes cada parte de mi mente y de mi cuerpo que sufre todavía de las consecuencias del aborto y dame tu paz. Te agradezco el amor que me tienes y la piedad que me demuestras. En el nombre de Jesús. Amén".

Recuerde que Dios, con el amor de un perfecto padre, desea mucho más que uno mismo, que el sufrimiento que padecemos termine. Indudablemente que vamos a experimentar momentos de angustia y dolor por ese bebé que nunca tuvimos en nuestros brazos, al que nunca le prodigamos cuidados. Pero la sanación es un proceso continuo.

3. Decidirse a perdonar a otros.

Tal vez el marido, el novio o los padres hayan presionado para cometer el aborto o retiraron su apoyo durante este tormentoso momento de nuestras vidas. La desaparición de los sentimientos de amargura y de rabia hace parte de la sanación. Necesitamos pedir a Dios ayuda para perdonar a todas las personas que hayan podido influír en la decisión de abortar. Necesitamos perdonar al personal de la clínica de abortos. A veces esto parece imposible, pero con la ayuda de Dios se torna posible.

4. Experimentar la realidad.

Para muchas de nosotras el tiempo que sigue al aborto es un tiempo de negación. Este mecanismo de defensa se apodera de nuestros cuerpos y de nuestras mentes hasta que seamos capaces de manejar este tremendo dolor y esa sensación de pérdida. Cuando por fin somos capaces de lograrlo, debemos enfrentar el dolor y poner cara a la realidad de nuestra acción. Y hacerlo paso a paso. No importa lo doloroso que pueda ser, es parte del proceso de sanación.

5. Establecer una relación con el niño abortado.

Esto es algo íntimo y a la vez doloroso que hay que hacer. Pensando que el niño abortado fue justamente eso - un niño - uno puede comenzar a hablarle durante los momentos tranquilos. La aflicción que tal vez uno llegue a sentir puede ser ciertamente saludable y es sin duda necesario experimentarla para lograr perdonarse a sí misma. En estos momentos uno tiene que abrirse a sus propios sentimientos. Es posible que estas serenas conversaciones se llenen de lágrimas y dolor, pero abrirán camino a la sanación y al perdón.

6. Llegar a otros.

Cada una de nosotras decide cómo alcanzar a otras personas. Cuando nos ponemos en contacto con otras personas que están heridas, surgen sentimientos agradables, positivos, respecto de nosotras mismas. El mismo perdón y la misma sanación que estamos experimentando pueden ofrecérseles a ellas también. Y una decisión que debemos tomar en consideración cada una de nosotras es la de comprometernos en la lucha contra la legalización del aborto. El perdón y la sanación que hemos conocido nos darán, sin duda, la fuerza para compartir con otros esa paz que hemos logrado.

Cada día yo pido a Dios que me dé un corazón capaz de compadecerse de las personas que se hieren a sí mismas, especialmente de aquellas que sufren a consecuencia del aborto. Cuando uno llega por fin a sanarse de este tremendo dolor, lo que uno más quiere es compartir esta esperanza con quienes todavía no han llegado a experimentarla".

Conclusión

Lo que he aprendido en la consejería post-aborto es que realmente el que sana es Dios. Nosotros somos sus ayudas y es un gran privilegio poder ser la persona que la escucha en nombre del Señor, diciéndole a esa mujer atribulada: "Si puedo ayudarte, estoy dispuesto a hacerlo". Y más aún poder decirle como Jesús a la mujer adúltera: "Yo tampoco te condeno. Vete y no vuelvas a pecar" (Jn. 8-11).

El Padre Gómez es el director del Centro de Pastoral Familiar para América Latina situado en la Avenida 28 N.37-21 Bogotá, D.C.,Colombia.TELÉFONO 57-1-368.3311 - TELEFAX 57-1-368.0540

 

El alma.

El hombre tiene un alma espiritual e inmortal, y por eso es semejante a Dios, que es Espíritu puro.

El alma es creada por Dios en el momento de la concepción del hombre y ya no dejará de existir por toda la eternidad. Nuestro cuerpo morirá y dejará de existir, pero nuestra alma sobrevivirá al cuerpo y, según haya sido su obrar en la tierra, merecerá premio o castigo, Cielo o Infierno, y para siempre.

Hoy el demonio utiliza su error preferido que es el materialismo, el ateísmo marxista, que niega la existencia del alma, y dice que el hombre es un animal más. Debemos ponernos en guardia contra este error diabólico y no dejarnos arrastrar por él, porque tenemos un alma creada por Dios y, mientras Dios sea Dios, es decir, eternamente, nuestra alma existirá, ya sea en el Cielo, gozando de una felicidad inenarrable; o en el Infierno, torturada con tormentos inimaginables.

El hombre es un compuesto de cuerpo y alma, pero debemos darle mayor importancia al alma y cuidar el cuerpo en función de la salvación del alma. En cambio si al cuerpo le damos todos los gustos y placeres, matamos nuestra alma con el pecado y si morimos en ese lamentable estado nos condenamos.

La cuestión más importante para cada uno de nosotros es salvar nuestra propia alma, porque si no nos salvamos, lo hemos perdido todo. Hoy no se piensa en esto y se vive para gozar y dar toda clase de satisfacción al cuerpo, y se mata el alma con el pecado.

El alma es como una chispa de Dios, que fue creada para gozar de Dios y que no será feliz hasta que no posea a Dios para siempre en el Cielo.

Después de buscar la salvación de la propia alma, también hay que buscar la salvación de las almas de los hermanos, pero recordando siempre el dicho que dice: “Alma por alma, salvo la mía”, es decir que en primer lugar debo buscar la salvación de mi propia alma, y luego intentar salvar a los demás.

Las almas son creadas directamente por Dios y son infundidas en los cuerpos humanos en el momento de la concepción de ellos, por eso es un crimen tan abominable el aborto, pues ese pequeño ser que se mata tiene, además de un cuerpito, un alma inmortal y espiritual. Esto lo niegan los que promueven el aborto y hasta niegan que sea un ser humano el que se mata. El aborto es un crimen horrendo inspirado por Satanás, que odia eternamente a Dios y a los hombres.

 

Oración de Sanación

 

Sáname Señor  

Señor, escúchame ... 

Señor, úngeme con Tu Espíritu Divino... 

Inflama mi corazón con el fuego de tu amor..... 

Inunda mi ser con tu presencia majestuosa..... 

Atiende por favor la llamada de mi alma ......

Señor, perdóname todas mis ofensas...... 

purifícame y cúrame de todos mis resentimientos...... 

que pude haber contraído en mi ignorancia........ 

Perdóname por todas las veces que te he desdeñado..... 

cuando he pecado y no he sentido ningún remordimiento........ 

Dígnate en llenarme del regalo del perdón...... 

para que en este momento pueda perdonar a toda la gente que me 

ha ofendido, y que le pueda enviar mi amor a ellos........ 

y para que ellos me perdonen también.......

Señor...... cura las heridas que yo mismo me he causado por falta de perdón y 

de comprensión de mis hermanos.......

Sáname Señor......

Purifica mi alma.... de modo que pueda sentir que no 

tengo ningún resentimiento contra ninguna persona.... 

o contra mí...... o en contra Tuya......

Lléname con Tu Paz......

Satura mi ser con Tu Amor Divino, para deshacer las paredes 

del orgullo y del egoísmo.......

Enséñame a amarte a Ti y a los demás.... 

como nunca he amado antes........

Transfórmame en un sol de Amor Eterno....... 

para encender todos los corazones con los rayos tiernos del amor.......

Sáname Señor.......

Lléname con Tu Luz.......

Lléname con Tu Amor......

Lléname con Tu Paz......

Amen.........

Texto  del "Evangelio de la Vida, Evangelium Vitae "  Por el Santo Papa Juan Pablo II

(Traducción del  Inglés  www.theworkofgod.org )

 

Me gustaría ahora decir una palabra especial a las mujeres que han tenido un aborto. La Iglesia conoce los muchos factores que han influenciado su decisión, y no duda que en muchos casos fue una dolorosa y quebrantante decisión. La herida en sus corazones puede que no haya sanado. Ciertamente lo que ocurrió fué algo terrible que aún continúa siéndo así. Pero no se entreguen a la perdida del coraje y no pierdan la esperanza. Traten mejor de entender lo que sucedió y enfrenténse a ello honestamente. Si todavía no lo han hecho,  entréguense totalmente en humildad y confién en el arrepentimiento.

El Padre de Misericordias está listo para darles a ustedes perdon y paz en el sacramento de la Reconciliación. Ustedes vendrán a entender que nada está definitivamente perdido y tambíen podran pedirle perdón a su hijo, quien esta ahora viviendo en el Señor. Con el consejo y la ayuda amistosa de otra gente, y como resultado de su propia experiencia dolorosa, ustedes pueden estar entre las mas elocuentes defensoras de los derechos de cada persona al regalo de la vida. A través de su compromiso con la vida, ya sea aceptando el nacimiento de otros niños o al aceptar y cuidar de aquellos en necesidad de alguien. 

Estando cerca de ellos, ustedes se volveran promotoras de una nueva forma de mirar a la vida.

Juan Pablo II